13/12/2013 – Balbuceos (01): Acerca de la documentación escrita

Post publicado en el blog privado Las noches de Perputxent (diario de una leyenda) el 23/01/2009. Todo cuanto en él se expresa corresponde a los primeros balbuceos del proyecto literario La Montaña Azul y, por tanto, no tiene por qué corresponderse con el resultado final del mismo.

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El género de la novela histórica, si trata con rigor los acontecimientos que dan pie y/o determinan la acción, combina las particularidades de un trabajo de divulgación/investigación con la labor, siempre complicada, de tramar una ficción. En mi opinión, cualquier intento de novelar sin atender a la realidad de los hechos históricos y al contexto en que estos se produjeron, aunque alcance el éxito editorial, constituye un fraude. La novela histórica por tanto, además de entretener, debe educar. Así, el primer paso que debe darse en este sentido es documentar con rigor los acontecimientos que se pretenden novelar.

A día de hoy, Internet resulta una herramienta fundamental a la hora de obtener información; sin embargo, no debe uno dejarse arrastrar por la pereza y la credulidad, y a una conveniente elección de las fuentes de información debe siempre acompañarle el consabido contraste sobre el papel y, también, sobre el terreno. Leer y patear; oler, ver, tocar, escuchar: sentir.

Una vez reconocidas las fuentes que ofrecen confianza, uno puede probar a saciar su sed. Despacio, saboreando cada matiz, intentando encajarlo, sin forzar, en la trama.

bibliotecaDe toda la información que he conseguido recopilar hasta la fecha, la que ofrece mayor nivel de confianza en cuanto a la veracidad de los hechos que recoge son los tratados de paz (de Almizra y del Pouet) y los libros venidos del tiempo y lugar donde realmente sucedieron los hechos (Llibre dels Fets, Kitab Tarih Mayurca, Llibre del Repartiment del Regne de València y Furs de València). Allí se muestran los actores, sus nombres, sus necesidades, sus costumbres. El resto de la documentación (incluidas la mayoría de las crónicas) responde a una trascripción y/o interpretación de los acontecimientos que, en alguno de sus aspectos, podría no ajustarse a la realidad. No obstante, la formación y el prestigio de quienes la suscriben ofrece, cuanto menos, la seguridad de un trabajo riguroso y, por tanto, la tranquilidad de saber que, aunque puedan equivocarse en algún matiz o hipótesis, sus conocimientos en la materia superan holgadamente los que un servidor se ha procurado a golpe de entusiasmo y, en consecuencia, lo que a ellos les pasó de largo, de largo pasará también al lector.

Así pues, no es mi cometido elucubrar más allá de aquellas materias que se necesitan para urdir con cierto fundamento la historia que se pretende contar, sino tratar de encajar una ficción en el contexto de unos hechos históricos sin que los eruditos le tengan que llamar a uno la atención. No se trata de teorizar sobre el posible emplazamiento del castillo de Benicadell, sino de imaginar con fundamento, si se tercia, lo que desde él se alcanzaba a ver. La línea que separa la realidad de la ficción debe trazarse de modo que en cada momento uno sepa en qué lado de la divisoria se encuentra, sólo de ese modo la nave mantendrá siempre su rumbo.

Afortunadamente, de la época y el lugar que pretendo novelar, aunque muy escasa, ha llegado la suficiente información como para hacerse una composición de fechas y de lugar. Esto ofrece un generoso margen para la ficción.

Esta es la documentación escrita que a día de hoy obra en mi poder (ver bibliografía). Aunque a buen seguro que más adelante necesitaré profundizar en alguna materia concreta, la atenta lectura de estos documentos me proporcionará una visión general de lo que necesito. A la vez que la estudio, iré contrastándola sobre el terreno, no sólo para verificar algún aspecto de interés, sino, fundamentalmente, para tratar de experimentar las emociones que, más tarde, habrán de volcarse sobre el papel.

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