09/02/2012 – La Montaña: ampliando horizontes

Más valora el montañero el interminable camino de herradura cuando la nieve y el hielo lo apartan de él por abocarlo a la senda de la aliaga y el espino. Sólo entonces advierte la comodidad de acarrear su pesada mochila por el serpenteante pero empedrado firme que no hacerlo por las empinadas y resbaladizas trochas del jabalí donde un paso en falso puede devolverte, rodando, al fondo del valle. Sí, hace ya unos meses que la niebla me extravió del camino trazado a golpe de ilusión sobre la cartográfica cartografía de la literatura. Desde entonces que avanzo entre la maleza a golpe de machete, con la cabeza gacha, apretando los dientes para evitar que la gélida oscuridad de la noche me sorprenda en el ascenso, por no perder la escueta senda que habrá de llevarme a la cima de esa montaña de anhelo donde culminan los proyectos literarios anónimos.

Próximo a la nevada cumbre siento los enésimos síntomas de congelación en unos pies que avanzan como piedras cuesta arriba, o la estertórea respiración que clama una bocanada de oxígeno; y también, la pétrea voluntad del montañero que dice: más gozosa será la arribada. No, no hay dolor sino gozo; gozo por saberse próximo a la cima de hielo, por presentir los azules perfiles de La Montaña en la lejanía, por conocer que aún queda un largo trecho por recorrer porque el camino no se detiene junto al hito geográfico que corona la cumbre sino que discurre por la crestería que asoma sobre el embravecido mar de montañas y valles que un día fuera la yibal Balansiya, La Montaña, sobre las alquerías y caminos que dominara el wazir al-Azraq.

Un buen amigo me dijo: lo peor de desear mucho una cosa es que terminas por conseguirla. Desde entonces que entiendo mejor ese vacío que deja un proyecto al finalizar y comparto el entusiasmo del montañero ante un camino que continúa. Aunque sólo sea porque llegados a este punto no hay vuelta atrás, en adelante el álbum fotográfico de Las lunas de Perputxent ampliará sus horizontes y se adentrará en el corazón de La Montaña por abarcar el mismo ámbito territorial que el proyecto literario homónimo: los valles de Gallinera, la Jovada y demás aguardan su turno…

Mathquba - La Foradà.

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