17/10/2011 – Mízar y Alcor, al-Kanesiyya y el intérprete de los deseos

Circumpolar-al-KanesiyyaHace unos días conocí que el código de honor de los ejércitos árabes exigía que sus arqueros respetaran las caballerías del enemigo y que por esta razón los arqueros se seleccionaban de entre quienes mostraban mejor vista. Cuentan que los candidatos eran sometidos a una prueba de agudeza visual y que ésta tenía por protagonista a una estrella de la Osa Mayor: Mízar.

Esta constelación en forma de cazo está compuesta por siete estrellas, una de las cuales (Mízar) tiene la propiedad de ser una estrella binaria, esto es, posee una acompañante (Alcor). Dicen que poder distinguirlas era condición necesaria para que los aspirantes a arquero superasen la prueba, considerándose que aquel que era capaz de diferenciarlas haría lo propio con el jinete y su montura en el fragor de la batalla. Es por esto que a Mízar y Alcor se las conoce también como el caballo y el jinete.

Según la mitología árabe, las cuatro estrellas que componen el cazo de la Osa Mayor y las otras tres que la acompañan formando el mango son respectivamente el féretro y el cortejo fúnebre de Al Na’ash, quien murió a manos de Al Jadi (la estrella Polar). Cuenta la leyenda que desde entonces los hijos de Al Na’ash giran alrededor del asesino clamando venganza y que el pequeño Alcor asistió al funeral en brazos de Mízar, su padre.

Al respecto de la dificultad de disociar el conjunto Mízar-Alcor existe un proverbio árabe que más o menos viene a decir así: "Hay quienes consiguen divisar Alcor, pero su brillo les impide contemplar la Luna".

Hace pocos días me acerqué hasta al-Kanesiyya con la intención de fotografiar una circumpolar. La noche era oscura, de novilunio, y sólo aquello que recibiese o emitiese luz tendría la oportunidad de existir. Localicé la Osa Mayor sobre los tejados del despoblado y ésta me guió hasta la estrella Polar. Compuse la escena, ajusté los distintos parámetros de la cámara y del auto-disparador y los puse a funcionar. Tenía 60 minutos por delante, de modo que iluminé la primera toma de la serie y me dispuse a escuchar un poco de música. Elegí El intérprete de los deseos, una maravillosa colección instrumentalizada de poemas de Ibn Arabí que me acompaña allá donde voy y de la que ya he hablado otras veces, y me dejé llevar. Admirar el firmamento en una noche cerrada es un espectáculo al que, lamentablemente, ya no solemos asistir. Sin embargo, es un pasatiempo muy recomendable de practicar en tanto que la inmensidad del Universo fomenta la formulación de ese tipo de preguntas existenciales cuyas respuestas tanto ansía alcanzar el ser humano.

Recuerdo que pasé un buen rato contemplando la Vía Láctea, paladeando la leche derramada de los pechos de Hera, y ya cuando mis ojos no alcanzaban a ver más allá escudriñé cada una de las estrellas que forman las constelaciones de Casiopea y la Osa Mayor. Fue al recorrer esta última cuando advertí que junto a la estrella que quiebra el mango del cazo refulgía otra estrella de menor intensidad. Al principio no le di mayor importancia, pero luego recordé un pasaje de mi novela donde se ponía a prueba la agudeza visual de quienes aspiraban a otear desde la atalaya de al-Marîyâyn y después de quitarme las gafas e intentar buscarlas en el firmamento comprendí que aquella era una prueba definitiva.

Así fue cómo encontré a Alcor, de cuyo nombre y leyenda nada sabría hasta que llegué a casa y conecté el ordenador. Ciertamente, cuando supe de la prueba del arquero me invadió un sentimiento de euforia: una vez más, El intérprete de los deseos me había guiado por el buen camino.

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4 comentarios:

Destartalado dijo...

Llenan de gozo tus artículos que no son sino ventanas hacia el pasado claras y profundas. Un placer sin igual pasearse por tu página. Un trabajo de primerísima clase no hay duda que espero mucha gente tenga el placer de admirar.

Justo Sellés dijo...

Jajaja, no sé quién eres, pero si algún día coincidimos te invito a unas cervezas

fer dijo...

Suscribo lo dicho por "Destartalado". Aunque no suelo comentar, no me pierdo tus artículos. Por cierto, ayer estuve recorriendo la Vía Verde del Serpis con intención de conocer un mágico lugar. Después, ya de noche, tuve tiempo de fotografiar el Castell de Perputxent, que ya le tenía ganas...

Ah, y otro comentario, si me lo permites: me gustan más tus imágenes en las que no usas hdr.

Saludos!

Justo Sellés dijo...

Pues ya nos enseñarás esas nocturnas en tu blog. La verdad es que Perputxent es fotogénico.
Lo del hdr tiene delito, la verdad. En cuanto me cambie de cámara las dejo de hacer, que ya tengo ganas.

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