10/08/2011 – Foto-blog (021): Perputxent, el Azulino

A muchos se les escapa que el castillo de Perputxent perteneció a la heredad del wazir al-Azraq, el Azul. Así lo expresa el Pacte del Pouet y así parece confirmarlo el intenso azulino diurno que presentaba el cielo aquella fría noche de febrero en que tomé esta foto.

Perputxent, el Azulino

Título / Localización

Perputxent, el Azulino / Castillo de Perputxent (l’Orxa)

Fecha / hora de la toma

17/02/2011 / 19:46h

Cámara

Canon EOS 50D

Objetivo

Tamron SP AF 17-50/2.8 XR Di II

Tiempo de exposición

30 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

640

Distancia focal

50 mm

Tipología

Fotografía de larga exposición (nocturna)

Observaciones

Balance de blancos: 3200K
Luminosidad lunar: 97%

Comentarios

En realidad, la foto está en la nube que divide el cielo; al menos con esa percepción encuadré la escena.

La luna se levantaba entre la Safor y la Albureca, iluminando todo. Con tanta luz, las estrellas podían contarse, de modo que subí la ISO para captarlas en un mayor número y, a la vez, poder bajar el tiempo de exposición con el fin de presentarlas puntuales; sin embargo, la focal empleada era demasiado larga y las estrellas dejaron un ligero rastro en el cielo. De haber examinado la foto en el display de la cámara me hubiera percatado de esta cuestión: tan solo tenía que abrir el diafragma hasta f 4.0 para reducir a la mitad el tiempo de exposición.

Asimismo, enfrié la temperatura de color por neutralizar la contaminación lumínica sobre las nubes y azular el cielo.

Seguramente, al-Azraq fue un apodo de familia. La mitificación que ha sufrido tan fabuloso personaje ha llevado a muchos a reincidir en el error de afirmar que al-Azraq significa “el de los ojos azules”; pero no es así, porque al-Azraq significa, solamente, el Azul. El motivo de este sobrenombre puede venir por el color de los ojos (muy extraño entre la raza árabe), pero también por un zafiro engastado en un anillo, el color de la tela de un turbante o de cualquier objeto o razón que no ha trascendido.

No es éste el único error al que ha inducido la mitificación del personaje, puesto que hay quienes se empeñan en otorgarle un lugar de nacimiento e incluso una ascendencia cristiana por vía materna. Ni al-Azraq hace referencia al color de sus ojos, ni se sabe nada acerca de la fecha y el lugar de su nacimiento; ni siquiera se puede asegurar que el título de wazir que se recoge en el Pacte del Pouet se corresponda con el de visir, aunque parezca lo más lógico.

Si al-Azraq era wazir de al-Qal’a de Gallinera en el momento de la firma del Tratado del Pouet, podemos afirmar que después de la firma también lo fue de Perputxent: Al-Azraq, wazir de al-Qal’a de Gallinera y Perputxent.

.

4 comentarios:

elSocarraet dijo...

Vaja, no seguisques investigant que se'ns cau el mite...jeje
Fan molt romàntic al personatge tots aquests mites...
Però Bé, potser que aquestes incògnites que ens presentes ara ens el facen més interessant...

Justo Sellés dijo...

Aquestes afirmacions en concret no son fruit de investigacions o suposicions meues, sino dels mes ilustres historiadors i erudits. Al-Azraq no necesita d'aquestos adornos florals i és bo que la gent conega que provenen d'especulacions sense cap sentit d'alguns cronistes; especulacions que a força de repetir-se han acabat per sentar càtedra.
Fixat que diu al respecte Momblanch, gran erudir d'al-Azraq: «Existen personajes con proyección histórica a los que, a través del tiempo, sus detractores cubrieron con el barro y el cieno de sus denuestos, y sus apologistas con el humo del incienso de sus alabanzas, desfigurando entre todos sus auténticos contornos humanos.
Uno de tales personajes, sin duda alguna, es Mohammad Abu Abdala ben Hudzail, más conocido por el sobrenombre de Alazrach, el caudillo musulmán que murió luchando con los cristianos junto a los muros de Alcoy un día de primavera del año 1276. De Alazrach se ha escrito extensamente en nuestros tiempos. Sus pretendidos biógrafos nos cuentan quiénes eran sus padres, de dónde procedían, cuáles sus parientes, de sangre real muchos de ellos; nos refieren su vida militar, política y social, nos hablan del gobierno de un imaginario reino en el que realizara obras públicas con trascendencia socio-económicas como las de regadíos, y hasta del color de sus ojos, que por la traducción de su apodo árabe, Alazrach o el Blau, pretenden que fueran azules.
Ciertos autores del presente siglo nos pintaron al caudillo moro con tal lujo de detalles, que dan la impresión de haberle conocido y tratado con cierta intimidad. Algunos no se atreven a citar las fuentes históricas de sus dichos, y otros, más audaces o más crédulos, se remiten a Beuter y a Gómez Miedes, historiadores del siglo XVI, a Diago y a Escolano (y sobre todo al padre Jaime Bleda) del XVII y hasta al fantasioso cronista del XIX don Vicente Boix...»

elSocarraet dijo...

Fins els grans personatges contemporanis pateixen i gaudeixen de la mitificació, tant més si ens arriben des de lluny!
Ens encanta mitificar, reconeguem-ho!
(...estem parlant de novel•lar la vida d'un d'ells, imagina't!)

Justo Sellés dijo...

Està clar, Rafa, fins i tot les cròniques dels grans reis els magnifiquen i mitifiquen.
El que pasa és que al-Azraq te els ulls negres i brillants com les olives mançanelles: ¡¡¡Tan sols hi ha que mirar-lo de front per adonar-se'n!!!
Jajaja

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...