29/07/2011 – Foto-blog (017): Plenilunio, camino del destierro

La segunda fotografía de la serie Plenilunio se tomó un mes después, coincidiendo con la luna llena de junio de 2008. Nuevamente, el plenilunio apuntó tras el algarrobo que medra sobre el monolito de l’Encantà, pero en esta ocasión la ausencia de nubes permitió inmortalizar tan extraordinario momento. Y digo extraordinario porque la órbita lunar alrededor de nuestro planeta no permitirá otra foto igual hasta 14 años después: el 19 de mayo y el 15 de junio de 2022. Plenilunio, camino del destierro es por tanto una foto única, difícilmente repetible, entre otras cosas porque cualquier intento por variar el ángulo de ataque aniquila su perspectiva.

Así, a las casualidades acontecidas en la sesión anterior, se sumaba una nueva: habíamos asistido a una efeméride astronómica donde la luna alcanzaba un máximo en su órbita, un máximo que le permitía apuntar al milímetro sobre un hito paisajístico como el monolito de l’Encantà. Sí, aquella noche volvimos a ser espectadores de un fenómeno excepcional y ¡¡¡no lo sabíamos!!!

La sensación de haber vivido un momento extraordinario me asaltó en directo, en el mismo lugar de la toma, pero la confirmación llegaría unos días después, mientras leía el Libro de los Hechos, la Crónica de Jaime I. Fue entonces cuando me apercibí de una importante efeméride histórica, efeméride que me descolocó por completo: aquel mes de junio de 2008 se cumplían 750 años del destierro de al-Azraq, y muy posiblemente una noche de plenilunio como aquella el wazir cabalgaba el amargo camino del destierro.

En efecto, el 17 de mayo de 1258 las huestes de Jaime I se reunían en Cocentaina con el propósito de incursionar los dominios del Moro. El wazir había sido traicionado por uno de sus más allegados consejeros, quien le había recomendado vender el grano que guardaba en sus castillos para saldar las soldadas que debía a sus hombres. Ante la inminente recolección de una nueva cosecha y la más que probable intercesión de Alfonso X de Castilla en la renovación de una nueva tregua con Jaime I, el wazir tuvo por bueno el consejo; sin embargo, el rey de Aragón estaba al tanto de la conspiración y cuando el traidor le confirmó que al-Azraq había vendido el grano y se encontraba desabastecido, se aprestó a atacarlo a sabiendas de que el Moro no podría afrontar el asedio de sus castillos. No, pese a que Alfonso X intercedió con Jaime I, ni la tregua se renovó ni las mieses llegaron a cosecharse: el aullido del lobo se escuchaba en Gallinera…

Se sabe que las fortalezas de al-Qal’a y Gallinera capitularon entre los días 31 de mayo y 7 de junio de 1258, tras sufrir un asedio, por lo que resulta muy probable que al-Azraq partiese hacia el destierro unos días después, tras negociar las condiciones de su marcha y despedirse de sus seres queridos. El 18 de junio de 1258 fue noche de plenilunio y el Tirano y sus huestes todavía permanecían en Cocentaina.

Plenilunio, camino del destierro

Título / Localización

Plenilunio, camino del destierro / Barranc de l’Encantà (Beniarrés)

Fecha / hora de la toma

20/06/2008 / 00:07h

Cámara

Canon EOS 400D

Objetivo

Canon 18-55/3.5-5.6 EF-S

Tiempo de exposición

69 sg

Diafragma

F 5.6

ISO

100

Distancia focal

41 mm

Tipología

Fotografía de larga exposición (nocturna)

Observaciones

Luna al 98%
Filtro UV
Pequeño destello lunar

Comentarios

La toma presenta un pequeño destello lunar por efecto del filtro UV que montaba el objetivo. Decidí conservarlo porque me sugirió que, como el halo que se desprende de la luna, simbolizaba la dolorosa marcha de al-Azraq de la que fue su tierra.

El encuadre es susceptible de mejora; supongo que una focal más larga (70-300mm) habría permitido una composición donde la sensación de momento tuviera un mayor protagonismo.

Si tuviera que repetir la toma la plantearía con una focal más larga y probaría iniciar la exposición antes de que la luna apuntara tras el monolito, de modo que el cielo quedara bien expuesto y la montaña se perfilara a contraluz antes de tapar el objetivo con una cartulina negra y, sin cortar la toma, esperar a que la luna llena apareciese por completo por detrás del algarrobo. Sólo entonces retiraría la cartulina del objetivo y la volvería a colocar, apenas durante unas centésimas de segundo, con el fin de conseguir detalle en la superficie lunar. Asimismo, dado que la efeméride lunar resulta tan singular y esquiva, convocaría una concentración fotográfica al estilo de la que se organiza con motivo de la alineación solar de la Foradà en la Vall de Gallinera para obtener tomas de muy variada factura y un time-lapse que reflejase el amanecer lunar.

Será casual que el plenilunio apuntara al milímetro sobre el monolito de l’Encantà; será casual que los destellos lunares incidieran justo sobre él y que lo hicieran con el color de las gemas que engasta el collar de la doncella encantada; será casual que la visual de la toma apuntase directamente hacia el castillo de al-Qal’a, morada de al-Azraq; será casual que las tomas no puedan repetirse hasta 14 años después, coincidiendo con un máximo en la órbita lunar; será casual que la fecha de las fotos coincida con una efeméride histórica tan significativa como el 750 aniversario del destierro del wazir al-Azraq. Semejante cúmulo de casualidades me tenían intrigado, tanto que me aupé hasta el algarrobo que medra sobre el megalito de l’Encantà, donde el destino me tenía reservado el penúltimo de los imprevistos.

“Plenilunio, el aullido del lobo” y “Plenilunio, camino del destierro” forman una serie fotográfica excepcional: por el cúmulo de casualidades que se dieron, por las efemérides astronómicas e históricas que convergieron en el momento de su toma, porque supuso el arranque de un proyecto literario apasionante.


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