27/06/2011 - La fotografía de paisaje: filtros vs horquillado

La diferencia de luminosidad entre el cielo y los motivos terrestres es un problema muy habitual que debemos resolver cuando fotografiamos un paisaje, sobre todo cuando el sol no se encuentra a nuestra espalda. Si medimos y exponemos para que las nubes tengan una textura real, la zona inferior quedará sensiblemente oscura o incluso empastada. Y al contrario, si medimos y exponemos para que la parte terrestre conserve un buen detalle, el cielo quedará lavado o se quemará en buena parte. Optar por una exposición intermedia quizá sea peor, porque las más de las veces ni las nubes ni la tierra reflejarán su aspecto real. Afortunadamente, disponemos de técnicas para afrontar este contratiempo: las que lo solventan in situ mediante el empleo de filtros degradados de densidad neutra, y las que lo hacen a posteriori, durante el post-proceso.

Barranc de l'Encantà (filtro degradado ND)

Filtro degradado de densidad neutra 0.9

Barranc de l'Encantà (HDR)

Horquillado de la exposición

La fotografía de la izquierda se tomó calando un filtro degradado de densidad neutra de tres pasos con el fin de equilibrar los contrastes de la escena sin afectar al color. El filtro permitió rebajar las altas luces presentes en las nubes, de modo que éstas no se quemaron al exponer para la zona inferior, donde el efecto del filtro no llegó a actuar. Esto permitió derechear el  histograma y, por tanto, obtener más información, aunque, como se verá, se llegó a una solución de compromiso que no resultó del todo satisfactoria.

Por contra, la imagen de la derecha se consiguió mediante el post-procesado de tres fotografías correlativas obtenidas mediante el horquillado de la exposición en ±4/3EV con el fin de abarcar todo el rango dinámico presente en la escena. En la toma sobreexpuesta las altas luces estaban totalmente quemadas, pero presentaba un buen detalle en las sombras que evitará la aparición de ruido en estas zonas durante el post-proceso; en la subexpuesta, las sombras estaban empastadas, sin detalle, pero ofrecía un cielo con la textura real; la intermedia presentaba unos medios tonos bastante acordes con la realidad, aunque las altas luces continuaban quemadas en buena parte. Tras el post-proceso, la imagen final sumó lo mejor de cada toma individual.

Barranc de l'Encantà (EV 1.33)EV +1.33 Barranc de l'Encantà (EV 0.0)EV +0.0 Barranc de l'Encantà (EV-1.33)EV –1.33

Ventajas e inconvenientes de la fotografía de paisaje con filtro degradado de densidad neutra

Varias y muy valiosas son las ventajas que presenta fotografiar un paisaje con un filtro degradado de densidad neutra. La más importante es que muchas veces resuelve nuestro problema durante el momento de la toma. De esta ventaja emana otra igualmente importante: si la tomamos adecuadamente, los ajustes de revelado serán casi inmediatos, ahorrándonos mucho tiempo delante del ordenador. Asimismo, el empleo de los filtros nos reportará mayores satisfacciones como fotógrafos pues obliga a resolver en campo, sobre la marcha, aspecto que a medio plazo redundará en nuestra mejor percepción del medio, creatividad y evolución.

El mayor inconveniente lo encontraremos en aquellas tomas donde la línea divisoria de contrastes no sea sensiblemente horizontal o rectilínea. Los filtros funcionan especialmente bien en paisajes marinos donde la línea de horizonte permite calarlos y/o moverlos con excelentes resultados. Sin embargo, los resultados dejan mucho que desear en aquellos casos donde las montañas -o cualquier motivo que se recorte contra las altas luces- presenten quiebros acusados. En estos casos, el efecto del filtro se dejará notar en zonas de la escena con una menor luminosidad, oscureciendo partes de la imagen que estaban bien expuestas, o lo que puede ser peor, no actuando en toda su intensidad en zonas de altas luces cuya luminosidad se desea reducir. Un buen ejemplo de esto podemos encontrarlo en la primera imagen que acompaña esta entrada, donde la zona comprendida entre el tercio intermedio y el superior presenta poca textura en las nubes y un notable oscurecimiento en la zona superior de las montañas que hace evidente el empleo del filtro. En este caso, tampoco se pudo exponer correctamente la zona inferior pues se llegó a una decisión de compromiso entre calar más el filtro para exponer convenientemente esta zona o no calarlo tanto para no oscurecer aún más algunas zonas de la parte superior.

Ventajas e inconvenientes de la fotografía de paisaje mediante el horquillado de la exposición

La principal ventaja de fotografiar un paisaje horquillando la exposición es, precisamente, que resulta una técnica apropiada en aquellos casos donde el empleo de un filtro no resulta recomendable. Buena parte de mis fotos diurnas las tomo mediante esta técnica precisamente porque vivo rodeado de montañas donde los filtros no siempre cumplen bien su cometido. Y ya me fastidia que así sea porque cada jornada fotográfica supone otra maratoniana jornada de post-proceso frente al ordenador. No obstante, y en aras de romper una lanza en favor del horquillado de la exposición diré que en mi caso la necesidad por conseguir unos resultados lo más verosímiles posibles me ha obligado a desarrollar un método y seguir un protocolo donde la percepción del medio juega su papel.

El horquillado de la exposición posee escasa reputación entre aquellos fotógrafos que defienden posturas más puristas; y no me extraña, porque la red está atestada de fotografías de alto rango dinámico que dejan mucho que desear. Confiar nuestras fotos al automatismo de un software es una opción cuanto menos arriesgada. Conviene controlar muy bien cómo procesan las imágenes este tipo de programas y en ningún caso hay que desechar la posibilidad de emplear otras opciones menos automatizadas, que las hay. También podría resultar interesante valorar la posibilidad de adquirir una cámara de la gama profesional; de ese modo conseguiríamos aumentar el rango dinámico de nuestras fotos aunque fuera a expensas de disminuir los dígitos de nuestra cuenta corriente.

Cuando el contraste resulta muy acusado (p.e. un paisaje desde el interior de una cueva), el horquillado de la exposición es la única técnica que nos permite resolver la toma. Muy posiblemente, en estos casos extremos el horquillado tendrá que efectuarse de modo manual, pues el modo automático que podemos programar en nuestra cámara no abarcará todo el rango dinámico presente en la escena.

160 - La ventana del Diablo

Su principal inconveniente es el consumo de tiempo y recursos que requiere el post-procesado y las incoherencias en las que podemos incurrir si no procedemos bien durante el momento de la toma y/o durante el post-proceso (cielos en exceso dramáticos, vegetación trepidada por el viento, colores desvirtuados, ruido…). Otra desventaja importante es que resulta muy complicado obtener una serie válida cuando algunos motivos presentes en la escena no están estáticos. En días ventosos resulta imposible practicar esta técnica con total libertad, a no ser que fotografiemos grandes paisajes con un gran angular y ausencia de primeros planos expuestos al viento.

Protocolo de actuación para el horquillado

El mejor resultado será aquel que ofrezca una visión lo más real posible de la escena en el momento de la toma. Para conseguirlo, resulta fundamental estudiar las condiciones lumínicas que disponemos en campo. Una correcta medición de luz en el tono más claro y más oscuro de la escena nos proporcionará un dato fundamental: el rango dinámico de la escena. Horquillar un valor fijo amplio sin más (p.e. EV±2, este dato se recomienda en el manual de algunos softwares) puede resultar rápido e incluso útil para reducir el ruido en las zonas oscuras, pero casi nunca nos permitirá obtener resultados fiables. La toma subexpuesta debe recoger el azul del cielo y la luz y la textura presente en las nubes lo más fidedignamente posible; la toma intermedia debe reflejar los tonos medios reales del motivo terrestre; la toma sobreexpuesta, en mi caso, la suelo fijar en función de la diferencia de pasos entre las dos anteriores y el rango dinámico presente en la escena, a veces programando el horquillado directamente desde la cámara, a veces fijándolo de manera individual.

Este es el protocolo que sigo cuando me enfrento a un paisaje con elevado contraste donde el empleo de un filtro no resuelve satisfactoriamente la toma.

  1. Resulta obvio decir que antes de salir al campo consulto la previsión meteorológica y que, en función de ésta, descarto alguna localización. Los días nublados e incluso lluviosos, resultan muy apropiados para practicar esta técnica en ausencia o escasez de viento. Si el viento sopla fuerte es mejor emplear otra técnica o buscar otros encuadres donde la acción del viento no afecte la estabilidad de los elementos presentes en la escena, a no ser que montemos un filtro de densidad neutra que alargue notablemente nuestro tiempo de exposición y nos permita recoger el movimiento de los elementos. Una vegetación agitada por el viento ofrece un dinamismo que puede favorecer nuestra composición: si el viento sopla, que sea evidente su acción!!!. Una buena recomendación es que cuando lleguemos al campo valoremos las condiciones atmosféricas y nos aliemos con ellas.
  2. Una vez resueltos los aspectos compositivos de la fotografía, resulta imprescindible realizar una medición puntual de luces en el tono más claro y más oscuro presentes en la escena para conocer el rango dinámico real. Conociendo esto, podremos valorar si necesitamos horquillar y, en su caso, si programamos un horquillado fijo en la cámara o si por contra realizamos la serie mediante exposiciones individuales.
  3. Nivelar la cámara sobre el trípode y conectar el cable disparador.
  4. Ajustes de la cámara: emplear un ISO lo más bajo posible para reducir al máximo el ruido; ajustar la apertura del diafragma en función de la distancia focal y los valores óptimos de rendimiento de la óptica para una mayor nitidez (utilizar lo más cerrado posible dentro del intervalo de rendimiento óptimo de la óptica ayudará a reducir posibles aberraciones cromáticas en las zonas de alto contraste)
  5. Fijar el WB en función de la luz presente en la escena: preferible un ajuste manual al programado; nunca automático. Disparar en formato RAW.
  6. Si decidimos programar el horquillado desde la cámara, tendremos que activar el modo de disparo en ráfaga para que las condiciones de luz y posición de los elementos presentes en las tomas sean idénticos. En presencia de viento suave y racheado, esta opción puede ser determinante.
  7. Tomar cuantas series sean necesarias hasta conseguir que el resultado se ajuste al máximo a la realidad. Tener en cuenta que los ajustes de previsualización en el display de la cámara pueden desvirtuar el tono de los colores, su saturación, el contraste…
  8. Cuando hayamos obtenido una serie que nos satisfaga, conectar el LiveWiev de la cámara (o activar el bloqueo del espejo) y repetirla, de ese modo evitaremos trepidaciones innecesarias, sobre todo si incluimos un primer plano o trabajamos con una focal larga. 

Respecto del post-proceso sólo comentar que existen varios programas y métodos que pueden ofrecernos buenos resultados. Estos dependerán en buena medida de dos factores: de la calidad de las tomas en origen, y del grado de conocimiento de los ajustes que intervienen durante el revelado y post-proceso de las imágenes. Un excelente trabajo de campo puede quedar deslucido si no gestionamos bien el tratamiento posterior de las imágenes.

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1 comentario:

DeLara dijo...

Muy buen artículo, Justo. Tomo nota.

Saludos.

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