09/05/2011 – TransBenicadell: cronología de un viaje anticiclónico (día 2)

Amanece en BenicadellEl Alto de Gaianes ofrece una excelente panorámica sobre la cumbre de Benicadell, de modo que antes de que el sol se insinuara sobre el horizonte ya nos habíamos aupado hasta su cima. Aguardamos el amanecer de aquel martes 12 de abril con la cámara montada sobre el trípode y un filtro degradado de densidad neutra dispuesto frente al objetivo, pero el cielo continuaba arrasado y pocos favores podíamos esperar de él. No hubo incendio celestial, ni fuegos de artificio, y la única nota de color que obtuvimos nos la proporcionó una ligera bruma sobre el Mediterráneo a la que nos aferramos por no regresar de vacío. Un cielo nublado nos hubiera ofrecido mejores oportunidades: un contraste menos acusado, un primer plano mejor expuesto, un fondo más colorido, sin embargo, los sonidos del amanecer y la seguridad de vivir un momento único nos alegró el espíritu.

Las previsiones meteorológicas se cumplían a rajatabla, y a falta de mayores emociones fotográficas nos sentamos sobre los peñascos y contemplamos la amanecida. Las golondrinas pasaban frenéticas ante nuestros ojos; más abajo, en el fondo de los valles, las quemas agrícolas levantaban columnas de humo en el paisaje mientras las farolas de los pueblos, poco a poco, se apagaban. Y qué silencio…

El sol apuntó tras la cumbre de Benicadell y al poco de sentirlo sobre nuestros rostros ya intuimos que el día sería caluroso. Levantamos el campamento junto a la cava de Benicadell e iniciamos el descenso. Poco más de diez kilómetros nos separaban de nuestro siguiente destino: la atalaya de Al-Marîyâyn, más conocida como el Castellet de La Barcella.

El traslado a Al-Marîyâyn habría resultado un agradable paseo mañanero por los caminos que atraviesan las cumbres orientales de Benicadell, pero el sol, el sueño y nuestras mochilas pesaban como una losa y en cuanto llegamos al lugar, montamos el campamento y nos derrumbamos bajo la sombra de los pinos. Sólo cuando el sol comenzó a declinar sobre el horizonte desanduvimos parte del camino y regresamos sobre aquellos lugares con algún aliciente fotográfico que habíamos localizado durante la mañana; pero el cielo continuaba liso, sin una mísera nube de evolución, y no nos quedó otra que encomendarnos a una tenue calima sobre el horizonte por obtener un instante de color.

Benicadell

Afortunadamente, la noche fue más propicia en lo fotográfico. El cielo continuaba raso, pero la contaminación lumínica y las trazas de las estrellas nos permitieron apuntar hacia arriba sin temor a la monotonía.

Atalaya de al-Marîyâyn

La atalaya de Almaraién –así llamaban los cristianos al lugar– es un hito geográfico. El lugar destaca sobre el paisaje, avistándose desde castillos tan principales como los de Játiva, Cocentaina, Benicadell y al-Qal’a, desde la torre de Mathquba (la Foradà), desde la Cova dels Nou Forats… Mientras tomaba la circumpolar sobre al-Marîyâyn acomodé los auriculares en mis oídos y consentí que los versos de Ibn Arabí me trasladaran a otros tiempos, cuando se tramó la emboscada de Rugat. Entonces, los versos del poeta sufí se mezclaron con los míos y al-Marîyâyn comenzó a percutir sus timbales, a manar sus humos.

 

LO FEYT DE ROGAT

Cabalga Jaime rey en trasnochada

A un castillo de moros enriscado,

Luna redonda en cielo despejado,

Silente marcha él con su mesnada.

Es Benicadell tierra de emboscada,

De atalaya en otero destacado,

Que el polvo que el camino ha levantado

Alerta al centinela en la alborada.

Calla el rey en su Crónica si era junio

Cuando al-Azraq matarle planeara,

Fue cerca de Rugat ¿en plenilunio?

Donde Dios mala muerte le librara

De ballestas, adargas e infortunio

Cuando el humo manaba en la almenara.

Al-Marîyâyn

RUTA

Ruta martes 12 de abril

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