08/03/2011 – La leyenda de la Encantada (y III): hipótesis sobre su origen

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I a l’entrada de la quaresma un sarraí que solia acompañar al-Azrac i era molt amic seu i l’aconsellava, ens envià un missatger. I el missatger fou un cristià que ens envià, amb el qual ell havia parlat en gran secret; i digué:

—Senyor, us saluda molt tal sarraí –i ens digué el seu nom– i us diu que si vós li feu mercé, ell farà que al-Azrac venga tot el pa que té, de manera que si vós el voleu atacar aquesta primera Pasqua, el trobareu sense queviures, que ell els hi farà vendre.

I nós li preguntàrem si aquell sarraí era conseller d’al-Azrac, i ell ens digué que sí, més que cap altre de la seua companyia. I podíem creure-ho, perquè no volia res del nostre fins haver-ho dut a bona fi, de manera que nós en fórem contents. I li diguérem:

—I ara digueu què és el que ell ens demana.

I ell digué:

—Us demana que li doneu tres-cents besants i quatre jovades de terra a Benimassor, i que li feu un document pel qual, si ell duu això a terme, vós li donareu els bessants i la terra (…)

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(Llibre dels Fets, 373)

 

 

 

 

 

 

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Como ya expresé en una entrada anterior, La Encantada de la Camareta: antología e interpretación (revisión del tema) es un interesante artículo donde su autor revisa numerosos aspectos que confluyen en las leyendas de las Encantadas presentes en el sureste peninsular y, por extensión, en el resto de España. Uno de los muchos matices que estudia es la causa que originó el encantamiento (quebrantamiento de una promesa de matrimonio en unos casos, maldiciones…), aunque el autor reconoce que en la mayoría de las ocasiones no consta un motivo concreto. En la tradición oral de nuestra leyenda de l’Encantà nada se dice al respecto de los motivos del encantamiento, sólo que los moros dejaron encantada a una doncella custodiando la boca de una mina (entiéndase cueva) donde, al marchar, escondieron sus tesoros; sin embargo, el estudio de los acontecimientos históricos acaecidos en vísperas de la conquista feudal en el escenario inmediato al lugar donde surgió el mito aporta sugerentes datos que podrían ayudarnos a elucubrar sobre cómo pudo originarse tan fabulosa leyenda.
Barranc de l'Encantà
Supongamos que, como sugiere algún autor, el nacimiento del mito de l’Encantà coincidiese en el tiempo con el poblamiento cristiano de Planes. De ser así, su origen tendremos que buscarlo en el periodo inmediatamente posterior al destierro del wazir al-Azraq de nuestra tierra, hecho que acaeció en junio de 1258. Fijado de este modo el ámbito geográfico y temporal conviene analizar el marco histórico donde se desarrollaron los hechos que precedieron al exilio del wazir si queremos alcanzar las repercusiones que éstos produjeron en el lugar y la época donde sucedieron y que podrían constituir el origen del mito que nos ocupa.
Los capítulos 373-377 del Llibre dels Fets refieren con notable detalle la conspiración que sufrió al-Azraq por parte de uno de sus consejeros, una traición que provocaría el desabastecimiento de sus castillos y facilitaría su toma por parte de Jaime I. De la atenta lectura de estos pasajes se pueden extraer sugerentes conclusiones:
  • Castell de PlanesEn ningún momento Jaime I hace público el nombre del traidor de al-Azraq; sin embargo, sí ofrece sustanciosas pistas con las que alimentar el morbo, pues refiere que éste era alguien de su entera confianza y que, en recompensa por su traición, le solicitó 300 besantes y cuatro jovadas de tierra en Benimassot. Poco sentido tendría que el rey encubriese la identidad del traidor si el nombre de este fuera de dominio público (máxime cuando el Llibre del Fets se redactó años después), de lo que podría deducirse que la identidad del conspirador no trascendió en ningún momento, quedando en el ámbito privado. De haberse sabido su identidad, el traidor habría ligado su nombre al del wazir, como ha sud¡cedido con otros personajes mediocres de la Historia cuyo mayor logro ha sido traicionar o asesinar a otro de mayor renombre, aspecto este que refuerza lo anterior. Podemos imaginar las sospechas y habladurías que la traición del wazir suscitó entre quienes la vivieron de primera mano y aun entre los que la conocieron de oídas (entiéndase los pobladores que llegaron a Planes tras el destierro de al-Azraq). Una historia tan trascendente e intrigante donde todos los actores eran sospechosos de conspiración resulta muy proclive a la mitificación, sobre todo si quienes la fomentaron la conocían de oídas.
  • De ser cierto lo referente a los 300 besantes y las cuatro jovadas de tierra en Benimassot que el traidor solicitó al rey podemos estrechar el cerco geográfico sobre este término del Comtat colindante con el de Planes, donde es de suponer que el traidor tuviera sus vínculos afectivos y/o poseyera otras tierras. Además, la cuantía solicitada por tan importante traición resulta tan escasa que bien se puede argumentar que los motivos que movieron a la conspiración no fueron de índole económica.
  • También sabemos por la Crónica de Jaime I que el alcaide de Planes entregó su castillo al rey pocos días antes de iniciarse la campaña que terminaría con el destierro de al-Azraq.
  • Cuando el rey decidió lanzar su ofensiva contra al-Azraq reunió a sus huestes en Cocentaina. Podría haberlas convocado a ambos lados de los dominios del Moro, pero optó por montar su campamento en Cocentaina e iniciar su ofensiva desde el interior. Con esta disposición de las huestes cobra enteros la posibilidad de que la capitulación del castillo de Planes estuviera pactada antes de iniciar las hostilidades, pues Planes constituía la puerta para acceder al valle de Gallinera, donde al-Azraq se recluía.

Castell de Planes

Con estos antecedentes, existen variados indicios para suponer que la traición a al-Azraq se gestó desde Planes y, de ser así, no resultaría extraño que tan trascendente y misteriosa conspiración suscitara el interés de los nuevos pobladores hasta el punto de adaptar sus leyendas a los hechos acontecidos en los territorio recién conquistados.

No cabe duda que el exilio de al-Azraq supuso un hito, un punto de inflexión en el modo de vida de los andalusíes que quedaron en nuestra comarca, el inicio de una vida de sumisión donde el feudalismo lo penetró todo. No, no ofrece la menor duda que la memoria del insigne al-Azraq permaneció viva entre los musulmanes que aquí quedaron y, también, que los pobladores cristianos asentados en Planes tuvieron que conocer la oscura conspiración que terminó con el destierro de tan ilustre personaje.

Que la leyenda de l’Encantà y el destierro de al-Azraq tienen sus vínculos temporales y espaciales puede llegar a argumentarse; incluso los escasos documentos de la época nos permitirían elucubrar sobre la identidad de quien traicionó al wazir al-Azraq. Sin embargo, los motivos que llevaron al encantamiento de la doncella quedarán por siempre en la más absoluta de las oscuridades porque las leyendas, leyendas son.

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BIBLIOGRAFÍA:

  • El Llibre dels Fets (cap. 373-377), de Antoni Ferrando i Vicent J. Escartí. Institució Alfons el Magnànim. Valencia (2008)
  • El mite de la fada dels tolls al barranc de l’Encantada de Planes de la Baronia, de Iván Carbonell i Iglesias. Revista Alberri, nº11 (1998). Centre d'Estudis Contestans.
  • La Encantada de la Camareta: antología e interpretación (revisión del tema), de Antonio Selva Iniesta. Antigüedad y cristianismo: Monografías históricas sobre la Antigüedad tardía. Murcia (1993)

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