12/02/2011 - Psicofonía en el castillo “templario” de Perputxent

El otro día encontré en Internet un artículo que hablaba de unas experiencias parapsicológicas realizadas en el interior del castillo de Perputxent, artículo que venía firmado por el presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) y que fue publicado en el nº 143 de la revista Enigmas bajo el título de Psicofonías del futuro. Decía así:

Castillo de Perputxent

“Las experiencias que vivimos un grupo de investigación de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas en un castillo que perteneció a la poderosa Orden del Temple fueron algo asombroso. Allí pudimos, de manera incomprensible, grabar sonidos segundos antes de que se produjeran…

No cabe duda de que los templarios ocultaban más de un misterio. A día de hoy todavía existen muchas lagunas sobre sus conocimientos y sobre los enclaves donde vivían. Algunos miembros de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) veníamos realizando experiencias psicofónicas en diferentes fortalezas y enclaves templarios de la Península con el fin de efectuar un estudio sobre el tema e intentar obtener respuestas a alguno de esos enigmas que, desde siempre, rodearon a la Orden. Y el castillo de Perputxent iba a ser nuestro último objetivo dentro de este plan de actuación.

El acceso al lugar es por una carretera comarcal que nos lleva al pequeño pueblo de Lorcha, en la montaña mágica de Benicadell, en la provincia de Alicante. A un lado se desliza un río salpicado de majestuosos olmos; al otro se alza un inmenso macizo montañoso que sirve de línea divisoria con la provincia de Valencia. Entre nosotros y esta frontera natural hay una colina conoidal de aspecto siniestro que alberga las ruinas del castillo templario en su cima. Cuando llegamos a la base de la loma donde se aposenta, nos topamos con una estación de tren abandonada, que posiblemente nunca llegó a tener el auge suficiente como para formar parte de la red viaria actual. Ésta hacía el antiguo recorrido Lorcha–Gandía con una preciosa y pequeña locomotora a la que llamaban “La Chicharra”. El aspecto fantasmal y misterioso que transmite este paraje boscoso mientras se va levantando la ligera niebla que nos rodea, permite que tengamos la sensación de escuchar el sonido de la antigua máquina de vapor acercándose lentamente por una vía hoy en día inexistente. El trayecto que aún nos separa de la fortaleza es largo y difícil, y la noche nos puede sorprender durante el ascenso. Por ello, no hay lugar para la indecisión y comenzamos a descargar los equipos.

Tras una hora de dura ascensión entre rocas deslizantes y densa vegetación, trasportando el equipo técnico junto al resto de material –comida, sacos de dormir, tiendas de campaña y demás–, llegamos a la cima de la montaña. Sólo la entrada ya constituye un reto, ya que el único lugar por el cual se puede acceder a la fortaleza está formado por un verdadero laberinto de muros casi derruidos que, junto a la espesa vegetación, hacen impracticable su paso. Al final, con no pocos esfuerzos, conseguimos abrir un pequeño sendero y entrar en las dependencias del patio exterior del castillo.

Probablemente esta parte habría sido utilizada para albergar los caballos y también estarían las casas de algunos artesanos, alfareros y campesinos que convivían con los monjes guerreros. Una extraña abertura hacia las entrañas de la tierra da acceso a un enorme aljibe, utilizado posiblemente para almacenar el agua de la lluvia. Rodeando al patio y a los muros del castillo, enormes barrancos de piedra protegían el lugar del acecho de los invasores, haciendo de esta fortaleza un enclave seguro e infranqueable…

Comienza la investigación

Nº 143 de la revista Enigmas Una vez en el interior montamos los equipos de investigación y el campamento. La noche se cierne pronto sobre nosotros.

Mientras descansamos comenzamos a recordar la historia del castillo de Perputxent en la localidad de Lorcha. La fortaleza perteneció al afamado caudillo musulmán Al-Azraq, el cual lo perdió tras una dura batalla con Jaime I. Éste lo cambió por el de Planes a Don Gil Garcés de Azagra. Ya a finales del siglo XIII pasó a manos de Arnaldo de Romaní, quien al ingresar en la Orden del Temple cedió todas sus tierras, incluida la fortaleza, a los templarios. Pero tras la acusación de herejía y condena papal e inquisitorial a la Orden, todas sus pertenencias y propiedades fueron confiscadas. Por ello, éstas y otras tierras templarias pasaron a manos del rey Jaime II, quien fundó posteriormente la Orden militar de Santa María de Montesa, quedándose con el gobierno del castillo.

Por un momento nos trasladamos a los tiempos en los que los caballeros del Temple paseaban con sus pesadas armaduras e invencibles espadas por estos lugares. Pensando en ello dispusimos el equipo de grabación para intentar captar alguna psicofonía que quizá nos brindase algún conocimiento sobre la fortaleza.

Tras un par de minutos de grabación en los que sólo escuchamos los sonidos de la madrugada, comprobamos… y los asombrosos resultados aparecieron: voces impresionantes que resonaban con fuerza en nuestros altavoces. Tras un pequeño chasquido, típico de la formación de las voces psicofónicas, se escucha con toda nitidez una profunda voz de hombre que dice: “in nomine Pater et Fili”. Todos nos quedamos perplejos.

Aquella voz quedó grabada y aún hoy recuerdo con asombro el momento en que se produjo dicha entrada de audio. Necesariamente debía de ser un fragmento en latín de la frase “En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”. Pero fue sólo el comienzo de una prolongada investigación psicofónica en la cual se pudieron obtener otras inclusiones.

Algunas voces hacían alusión a que nuestra investigación era una “movida científica”, cosa que nos hizo bastante gracia. En otra ocasión otra voz nos dice claramente: “soy tu papi”. Tras una petición acerca de si podían aclarar un poco más sus voces, se obtuvo una inclusión de mujer que replicaba claramente : “Denota”. En un momento de la grabación uno de nosotros se levantó para alcanzar algo, y en ese preciso instante otra voz de hombre muy castigada inquiere: “El trúan”.

No me gustaría que pensaran que las grabaciones psicofónicas se obtienen tan fácilmente. Hay que decir que para llegar a obtener unos cuantos registros buenos y claros, tuvimos que realizar bastantes ensayos y escuchar durante un largo rato. Tras esto –y condicionados por la presencia en nuestro grupo de investigación de Paco Azorín, un conocido estudioso de la oui-ja y gran experto en la misma–, planteamos la realización de una experiencia oui-ja que fue dirigida por este investigador.

A pesar de la crítica opinión de la oui-ja como prueba de la existencia del “más allá”, hemos de tenerla en cuenta cuando menos como sistema de investigación desde el punto de vista parapsicológico.

La oui-ja comenzó a hablar

Dispusimos una lámina especial que Paco Azorín había confeccionado, conteniendo una serie de signos, símbolos, letras y números que colocados de forma ordenada componían el abecedario para contactar con el supuesto plano de los espíritus.

Tras una pequeña y breve preparación en la cual se había decidido convocar al posible espíritu de alguno de los templarios que hubieran vivido en aquel castillo, tres de nosotros pusimos el dedo sobre un pequeño vasito que haría las veces de máster. No tardó en comenzar a dar vueltas cada vez más impetuosas, hasta que por instrucción del experto se situó en el centro, a la espera de nuestras preguntas.

Ante la petición de que se identificara, empezó a contar que se trataba de una mujer cuyo nombre era “Elle de Fidelidad” y que se consideraba templaria porque había mantenido relaciones con un caballero de la Orden, el cual se manifestó posteriormente dada la insistencia. Dijo llamarse “Dichide”. Azorín advirtió una característica curiosa en el movimiento del vaso, ya que lo hacía al revés a como suele hacer. El silencio y la oscuridad de la noche, sumados a lo mágico del lugar, hicieron que sintiéramos la extraña sensación de que alguien nos estaba observando desde algún lugar.

“Dichide”, que era como decía llamarse este supuesto espíritu “habló” de algunas cosas curiosas acerca de la vida en el castillo, y dijo que en la época en la que había vivido, el señor del mismo se llamaba “Magaleg”, de origen árabe.

En una comunicación posterior, hizo acto de presencia una figura curiosa. Alguien que dijo haber formado parte de la comunidad templaria sin serlo. Se identificó como “Micharui” y aseguró que había llevado la cocina de la fortaleza. Tras largo rato contó que los templarios se alimentaban principalmente de carne, frutas y cereales. También dijo que había un plato que a todos les gustaba mucho y que llamaban “ñacoa”. Cuando le pedimos que nos diera detalles del propio castillo, contó que lo formaban unas 72 personas, 34 de las cuales eran templarios y el resto vivían en el exterior, comerciantes o campesinos del lugar. Aseguró que fuera de las murallas había una especie de taberna y que por culpa de una bebida muy similar al “ron de posa” hubo una gran disputa entre ellos que acabó de la peor de las maneras.

Por supuesto no olvidamos que el método a través del cual se obtenían respuestas es la polémica oui-ja, que en tantas ocasiones ha probado que tiene que ver más con lo físico que con lo ultra-físico.

112

Tesoros ocultos

Se me ocurrió hablar de algo que me rondaba la cabeza desde hacía un rato. Pedí al ser que nos contara si había algún tesoro oculto en aquel lugar. Tras titubear un poco, el vaso se dirigió al “SÍ”. “Todavía queda algo”, aseguró, matizando que ya no era ni la mitad de lo que había en un principio pues el castillo, tras la dominación templaria, fue objeto de saqueos constantes en los cuales se perdieron los objetos de valor. Evidentemente se negó a darnos la ubicación del mismo, pero tras gran insistencia por intentar convencer a nuestro invisible comunicante, apostando por que si lo encontrábamos lo entregaríamos al municipio, y que de esta forma su historia no se perdería, accedió a decírnoslo.

Cuando preguntamos de qué se trataba, aseguró que eran algunas piezas de oro tales como copas y cálices, y algunas joyas. Añadió también que sabía que en el castillo había una espada con la que realizaban extraños rituales. Ésta tenía la empuñadura de oro, adornada con piedras preciosas, pero desconocía su paradero, aunque incidía en que todavía permanecía entre aquellos muros.

“Mabul Alí”, nuestro siguiente comunicante, afirmó haber vivido en 1231 y no ser árabe, pero que su padre sí lo era. Dijo que su progenitor se dedicaba a comprar la comida del castillo a los campesinos del entorno y que un día al entrar en el mismo vio algo que no debía y fue asesinado y enterrado en una cavidad subterránea que todavía no había salido a la luz. También indicó el lugar donde se encontraba, añadiendo que en la misma había restos arqueológicos muy valiosos. Para finalizar nos dijo que en aquella época el enclave era conocido como “Castillo de Ananor”.

La verdad es que aunque la credibilidad sea la que deseemos dar –y el rigor científico en este caso se convierta en literatura–, el tiempo que pasamos fue además de interesante muy enriquecedor e inolvidable. Pero no acabó aquí, ya que todavía ocurrió algo para lo que aún hoy no hemos podido hallar ni una explicación lógica, ni física, y tampoco parapsicológica.

Un misterio por desvelar

Tras las experiencias con la oui-ja –y mientras nos encontrábamos grabando–, en el silencio sonó un disparo lejano que por la condición de la sierra que había a espaldas del castillo, se propagó de forma verdaderamente curiosa, ya que tras escuchar el disparo original se podía oír claramente cómo el sonido se acercaba a toda velocidad y pasaba de largo resonando en la montaña. Esto quedó grabado en cinta, y cuando lo escuchamos, me pareció oír algo extraño. Por ello pedí a uno de mis compañeros que lanzara un grito lo más fuerte que pudiese. Tras un instante de preparación y una vez dispuesto el grabador, se lanzó el potente grito que de inmediato resonó en la sierra en forma de eco. Todo se había estado grabando y en apariencia fue normal, pero cuando rebobinamos y escuchamos el registro sonoro, el frío del miedo caló en nuestros cuerpos poniéndonos literalmente “el vello de punta”, ya que antes de que se lanzará el susodicho grito, se pudo escuchar con toda claridad el eco del mismo.

“¡No es posible!”, afirmamos rotundamente. “¿Cómo se va a grabar algo que todavía no se ha producido y por tanto no existe?”. Esta fue la pregunta que nos planteamos todos nada más escuchar la cinta. Por nuestras cabezas pasaron deducciones e intentos de explicación lógica ante tal fenómeno, que se repetía tantas veces como realizábamos el experimento. Probamos de todas las maneras posibles, situándonos en diversos puntos del castillo y en otros lugares, pero sólo en ese punto se daba este curioso efecto.

La lógica nos hacía pensar que no se trataba de ningún fenómeno paranormal, ya que siempre que se llevaba a cabo en un lugar determinado, se obtenía el resultado esperado, extremo que entra en contraposición con las leyes de la parapsicología, cuyos fenómenos suelen ser efímeros, esporádicos y espontáneos. Por otro lado y según las leyes de la física barajadas por uno de nuestros compañeros –por su condición de físico–, era algo imposible. Sin embargo, las dudas siguen vigentes a día de hoy, con una salvedad: la certeza de que aquello se produjo…

Pedro Amorós”

A pie de sendas fotos se podían leer los siguientes textos: “Durante las realización de las pruebas psicofónicas y la oui-ja se produjeron supuestos contactos con entidades que decían ser templarios fallecidos en el lugar.” Y: “Al otro lado de las murallas se produjeron en el pasado escenas de dolor y sangre que tuvieron como protagonistas a los miembros de la comunidad que en plena Edad Media habitó el lugar.”

Circumpolar en Perputxent

Si consideramos que el castillo de Perputxent jamás perteneció a la Orden del Temple se entenderá que prefiera ahorrarme la molestia de entrar a valorar aquello que el artículo refiere, pues todo cuanto en él se expresa lo tengo por fruto de la fantasía, del más absoluto desconocimiento o, si se quiere, de la peligrosa tendencia actual por beber de ciertas fuentes documentales de dudosa procedencia. Internet asegura que Perputxent fue castillo templario, no hay más que comprobarlo, pero los documentos de la época lo desmienten categóricamente. No, no hay lugar para la duda: el contenido de este “artículo parapsicológico” –como buena parte de lo que rodea a esta “ciencia”– es un fraude y el único motivo que me empuja a redactar este post es advertir los riesgos de documentarse por Internet y aclarar de una vez por todas que EL CASTILLO DE PERPUTXENT NUNCA PERTENECIÓ A LA ORDEN DEL TEMPLE.

Entonces, ¿de quiénes eran aquellas voces y manifestaciones espiritistas que el señor Amorós y sus chicos del SEIP aseguran haber escuchado? Quienes hemos paseado el castillo de Perputxent a la tenue luz de la luna –y aun en la oscuridad más absoluta– sabemos que el lugar tiene su misterio y su energía. La sugestión puede llevarnos a sentirla en mayor o menor medida, pero que quede claro que todo cuanto el artículo reproduce es fruto de la más hilarante fantasía, pues –sin entrar a valorar la veracidad de su contenido- su autor no ofrece fecha concreta para la supuesta investigación, y de sus propias palabras se deduce que no ha estado nunca en Perputxent (habla de paraje boscoso y de una hora de dura ascensión entre rocas deslizantes y densa vegetación), amén de que Perputxent –por mucho que se empeñen algunos- nunca fue un castillo templario.

Para todos aquellos que deseen escuchar las elucubraciones del autor y las voces templarias venidas de ultratumba dejo aquí el enlace para la descarga del archivo sonoro a la vez que una última recomendación: permanezcan atentos al asombroso fenómeno de grabación de sonidos segundos antes de que se produzcan… Menuda panda de “flipaos”.

.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...