28/04/2010 – Señales (II)

Anoche sucedió algo imprevisible y, a la vez, muy difícil de conseguir, tan difícil que ni intentándolo mil veces se volvería a repetir. Carlos Serrano y yo tomábamos unas fotos en el castillo de Perputxent y estábamos a punto de marchar. Él se encontraba a la entrada del castillo realizando una última toma; yo me había desplazado torre abajo, junto a una chumbera que tenía controlada con el fin de emplearla como primer plano: compuse la escena, iluminé con el flash y aguardé los cerca de tres minutos que había calculado para una correcta exposición. Cuando visioné la foto en el pantalla de la cámara esto fue lo que me encontré.

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Se trata de una polilla cazada en pleno vuelo, una mera anécdota si no fuera porque tiene su historia detrás. Al igual que sucedió con el almendro de al-Kanesia, la ficción que escribí para acompañar las imágenes que tomamos recoge la angustia que invadía al qa’id de Perputxent tras conocer que los feudales habían violentado a su mujer y tomado cautivos a sus hijos. Tanta era su desesperación que se asomó al precipicio tentando el suicidio, mientras se encomendaba a Allah, el Compasivo, el Misericordioso. A buen seguro que parecerá una casualidad a quien no estuvo allí, escuchando los lamentos de quienes lo perdieron todo en aquella cabalgada, pero Carlos y yo sabemos que nada es casual porque aquella noche los espíritus estaban receptivos.

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