15/04/2010 – Cabalgada feudal en al-Kanesia

La tarde del domingo 28 de marzo, aprovechando mi estancia en Perputxent, me acerqué hasta la alquería de al-Kanesia. Nada especial buscaba con aquella visita salvo estudiar posibles encuadres y pasar la tarde con la familia. 

Al día siguiente, después de fotografiar el castillo de Perputxent con Carlos Serrano, decidí presentarle el despoblado de al-Kanesia. Aquella noche el cielo no acompañaba en exceso pero nos vinimos con un proyecto de foto memorable. El encuadre prometía: el castillo de Perputxent asomaba sobre los tejados de dos viviendas moriscas; en primer plano, un almendro reforzaba la sensación de profundidad y redondeaba la escena. Para más colmo, la foto estaba orientada hacia el Norte, de modo que una circumpolar completaría la toma. Se trataba de regresar en una noche oscura y despejada con el fin de iluminar las dos viviendas moriscas, el almendro y el castillo de Perputxent -para ello era necesario que uno de nosotros se desplazara a los pies del castillo y lo iluminara con un potente foco desde abajo-; la circumpolar haría el resto.

al-Kanesia

El día 9 de abril, tras diez días de espera, estábamos de regreso. La luna no aparecería hasta bien pasadas las 4:00 y la previsión de nubosidad era nula: la noche resultaba perfecta y a eso de la medianoche nos presentamos en el lugar. Recuerdo que aquella noche estrené la Canon EOS 50D, y que el primer disparo lo reservaba para aquella foto; pero algo se cruzó, fatalmente, en nuestro camino…

Durante esos diez días escribí una ficción para contextualizar nuestro trabajo fotográfico en el valle de Perputxent: una cabalgada feudal en las alquerías del valle acaecida el lunes 20 de mayo de 1258, pocos días antes de que las huestes de Jaime I incursionaran los dominios de al-Azraq desde Cocentaina. En la cabalgada –recogía en la ficción-, los feudales realizaban todo tipo de fechorías, entre ellas talar cuantos árboles frutales encontraban en las inmediaciones de las alquerías. Y -como una premonición- eso fue precisamente lo que sucedió con nuestro almendro, que a nuestra llegada a al-Kanesia lo encontramos tronchado.

Tala feudal

Tardé unos días en salir de mi asombro e incluso hoy continúo sopesando las palabras de Carlos cuando me dijo: ahora que tus protagonistas te han mostrado lo que fastidia la tala de un árbol, mejor podrás transmitir ese pesar en tu novela. Ayer regresé a al-Kanesia por documentar los efectos de la tala: no tuve ánimos para hacerlo antes.

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