03/03/2010 - Señales

Megalitos de l'Encantà Desde muy joven, los megalitos de l’Encantà me han atraído. Siempre he fantaseado con encaramarme a uno de ellos y esconder un pequeño tesoro con el que sorprender a quien, como yo, sienta la fuerza de su llamada. Y ese día llegó. Fue el pasado jueves 25 de febrero cuando finalmente me decidí a atender las persistentes señales que me llegaban desde estas formaciones rocosas. A una de ellas –no diré cuál- me encumbré, y en sus inmediaciones, al abrigo de una oquedad, realicé un hallazgo arqueológico muy interesante: un candil cerámico de piquera en perfectísimo estado. Estaba decorado en rojo, con el cuerpo torneado y el asa y la piquera moldeados. Sostenerlo en mis manos fue algo más que emocionante y muchas cosas pasaron por mi cabeza en apenas unos segundos.

Supongo que resulta inevitable preguntarse por la identidad de quien lo usó por última vez y, al introducir mi dedo en el asa, experimenté una regresión temporal, como si un puente me llevara directo al universo andalusí del siglo XIII. Fue emocionante experimentarlo, sobre todo cuando, después de fotografiarlo, lo devolví a su escondite y lo acompañé de mi tesorillo del siglo XXI: varias monedas de curso legal y un reloj de pulsera que ya no utilizo.

Lo más acojonante del hallazgo es pensar que alguien, muchos siglos antes, pudo tener mi misma ocurrencia y, sobre todo, que éste descubrimiento ha venido precedido de un cúmulo de señales a modo de revelación. Es por esto, y por el escaso interés que ha suscitado entre la comunidad científica el hallazgo cerámico de la Cova dels Nou Forats, que no me ha dado la gana informarlo a Patrimonio, ni a un Museo Arqueológico, ni a ningún historiador. Será mi secreto, mi puente, mi tumba. No, no podría soportar el hecho de contemplarlo encerrado detrás de una vitrina: no fue esa la finalidad que perseguía quien allí lo escondió.

No fue el candil el único resto cerámico que encontré en las inmediaciones del megalito. Aunque en muy peor estado de conservación por encontrarse a la intemperie, encontré un trozo de cerámica que, aunque carente de valor arqueológico, para mí posee un extraordinario interés. El hecho de encontrar objetos y restos cerámicos en un lugar tan escarpado y de tan complicado acceso me hace pensar que, tal vez, allí se realizara algún tipo de sortilegio o, simplemente, que algún paisano del Medievo gustaba de encaramarse a las alturas para contemplar las excelentes vistas a la vall de Perputxent, para pensar, respirar o llorar. Quién sabe…

Perputxent desde l'Encantà

No me importaría que mis cenizas se diseminaran al aire desde aquel fabuloso roquedo emisor de energía, quizá el lugar más cercano y con mayor encanto que conozco. Aunque no tengo prisa.

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