20/05/2009 - Cronología de un viaje donde cantaba el cuco

Entre los días 3 y 8 de mayo pude recorrer parte de los que fueron territorios de al-Azraq; aun con todo, quedaron muchos lugares por visitar y otros tantos a los que con toda seguridad tendré que regresar. Esta es la breve cronología de un viaje donde el reclamo del cuco nunca dejó de sonar y cuyos entresijos trataré de exprimir en próximas entradas:

El domingo 3 subimos hasta la Cova dels Nou Forats y realizamos un hallazgo arqueológico cuya importancia y repercusión está aún por saber. Todos los detalles al respecto se refieren en la entrada anterior.

DSC09825La mañana del lunes 4 visité la alquería de Benitàixer, situada en las inmediaciones de la Cova dels Nou Forats, aunque no debajo de ella ni con tan buena visual con respecto a ésta como supuse en un primer momento. Me acompañó el tío Paco de Fantaquí, quien me llevó hasta los mismos pies de aquello que resta de ella: apenas un muro construido mediante la técnica del tapial (tabiya). Es de suponer por proximidad que, ante cualquier incursión enemiga, los habitantes de Benillup y Benitàixer se refugiaran en la Cova dels Nou Forats, y que los de Alcanesia y l’Orxa hicieran lo propio en el castillo de Perputxent.

En la segunda etapa del viaje me acompañó mi amigo Jesús Cees. Así fue desde la tarde del lunes, cuando subimos hasta el castillo de Carbonera, en la vertiente norte del Benicadell. Accedimos en coche por el camino forestal que recorre la umbría de esta legendaria sierra fronteriza y, ya con el sol incendiando el horizonte, montamos el campamento en el mismo albacar del castillo, debajo de una carrasca, y cenamos a la luz de la luna mientras tratábamos de adivinar, por la magnitud de sus luces, los diferentes pueblos de la vall d’Albaida.

Pese a que la noche anterior tuvimos sesión fotográfica, el martes 5 nos levantamos con el alba. Subimos más allá del Alt de la Nevera, hasta aquello que Vicente Carlos Navarro Oltra, en un interesantísimo artículo titulado “El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell”, denomina el Alto de Benicadell. Constatamos la abundancia de restos cerámicos en un enclave que, según este autor, jugó un importante papel en el asedio musulmán que relata los capítulos 370 y 371 de la Crónica de Jaime I. Fue allí donde se supone que murió Abenbazol, «que era lo meylor sarray que Almaçarich hauia, el pus poderos, e encara de ualor ualia plus que ell». Desde allí nos dirigimos al Pic de Benicadell donde, por motivos que en su momento analizaré, es muy probable que se encontrara el hisn de Binnah Qatal que menciona al-Idrisi. Desde el vértice geodésico que corona esta formidable cresta calcárea se alcanza a ver –entre otros y según Cavanilles– los muros de la ciudad de Valencia y la isla de Ibiza. El día estaba brumoso, pero en cualquier caso la visual sobre las comarcas del Comtat y la Vall d’Albaida era amplia.

Descendimos Benicadell avanzada la tarde y ya con las últimas luces del día alcanzamos nuestro siguiente objetivo: la atalaya de Almaraién. Pese a la bruma diurna, la noche apareció despejada, lúcida, y las fotografías que tomé de este importante enclave defensivo fueron de las mejores que pude realizar en todo el viaje.

El miércoles 6 estaba destinado a ser un gran día, y no me decepcionó. Llegamos a los pies de la Serra Foradada a eso del mediodía, pero el rigor del sol aconsejó posponer la subida al castillo de al-Qal'a hasta que la tarde estuviera avanzada. Tan fuerte picaba el sol que decidimos darnos un baño en el gorg del Salt con el fin de mitigar el calor. Baño, comida y siesta nos proporcionaron la energía suficiente para afrontar, cargados como mulas, la subida hasta el castillo de al-Azraq, lugar que ya no abandonaríamos hasta el viernes 8 y al que a buen seguro no tardaré en regresar.

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