21/02/2011 – Barranc de l’Encantà: geografía y paisaje

Las sierras de Cantacuc, Cantalar y l’Albureca encierran profundas arterias que el agua ha esculpido con el paso de los tiempos, ocultando en su interior el dorado otoñal de choperas, saucedas y cañaverales. En un lugar no determinado de este atropellado relieve, más allá de donde se tocan las sierras de Cantacuc y la Foradà, nace el barranco llamado del Pelegrí, aquel que deja en altura, agazapado tras el Tossal del Xarpolar, el castillo de al-Qal’a: inaccesible, desafiante, maltrecho. Aguas abajo se le unirán los barrancos de la Roca y del Molinet que desaguan la vertiente occidental de la Foradà, y los de Roches y la Gleda, nacidos en las inmediaciones de la Jovada.

Cantacuc y el castell de Margarida

No será hasta llegar al término de Planes cuando el mito de la Mora quiera que el barranco se denomine de l’Encantà y que, encaramado sobre Cantacuc, las ruinas del castillo de Margarida lo vean desfilar camino de Catamaruch, por abrirse al valle de Planes y respirar. Apenas un soplo, una brevísima revuelta en su continuo serpentear porque el Gorg del Salt le aguarda desafiante y los riscos de l’Almadec y el Tossalet de la Dona lo habrán de constreñir. Al pasar junto a la Penya de l’Espill la leyenda nos cuenta de las pozas donde la Mora peinaba sus cabellos a la luz de la luna, cerca del Molí de l’Encantà, muy cerca del lugar donde el Cantalar y l’Albureca se estrechan, donde la barrancada se precipita en el congosto. Y ya en adelante deambula sobre un fondo pedregoso, blanco, estival, o líquido, azul, salpicado de pozas, entre peñascos desprendidos de la montaña, un giro aquí, un saltito allá, siempre confinado, buscando la mole del Pichoc, la Cova del Búfol, el Alt de Senabre, por derramarse en al Serpis.

Barranc de l'Encantà

Desde el pont de les Calderes en Planes, hasta su desembocadura en la vall de Perputxent, l’Encantà recorre una docena de kilómetros, formando un conjunto de gran belleza paisajística y contrastado valor faunístico y botánico.

Poster

Fauna

Entre las especies acuáticas más importantes destaca el samaruco (Valencia hispanica), endemismo piscícola valenciano que desapareció de la desembocadura del barranco con la introducción de la trucha arco iris, el barbo mediterráneo (Barbus guiraonis), endemismo ibérico catalogado como especie rara, la gamba de río (Dugastella valentina) endemismo valenciano otrora abundante y cuyo hábitat ha sido invadido por el cangrejo americano (Procambarus clarkii), la rana común (Rana perezi), endémica de la Península Ibérica, el sapo común (Bufo bufo), la culebra viperina (Natrix maura) y la rata de agua (Arvicola sapidus). Entre la avifauna encontraremos la garza real (Ardea cinerea), la garceta blanca (Casmerodius albus), las pollas de agua (Gallinula chloropus), la lavandera blanca (Motacilla alba), la lavandera cascadeña (Motacilla cinerea), el martín pescador (Alcedo atthis) y, en primavera y verano, el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos) y otros tantos pájaros acompañarán nuestra estancia con sus deliciosos cantos. En las paredes rocosas situadas cerca del río suelen situarse especies interesantes como el gorrión chillón (Petronia petronia), el avión roquero (Riparia riparia), el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), el roquero solitario (Monticola solitarius), el búho real (Bubo bubo), el cernícalo (Falco tinnunculus), el águila perdicera (Hieraetus fasciatus) y un largo etcétera entre los que no pueden faltar diferentes especies de murciélagos. También encontraremos una gran cantidad de fringílidos como verderones, verdecillos, pinzones y jilgueros. Existen también especies mayores, muy interesantes pero difíciles de observar por sus costumbres nocturnas como son la gineta (Genetta genetta), el turón (Mustela putorius), el zorro rojo (Vulpes vulpes) y el jabalí (Sus scrofa). Siglos atrás, evidentemente, existieron cabras montesas y lobos.

Fauna

Flora arbórea

En cuanto a la vegetación, se trata de la típica vegetación mediterránea: árboles y arbustos en general perennifolios y esclerófilos, es decir, de hojas pequeñas, duras y a menudo espinosas, para ahorrar agua a lo largo del período estival. La estructura de la vegetación varía según su localización, así como de su situación en solana o umbría. Existen algunas pinadas de pino carrasco (Pinus halepensis) de poca extensión, junto con algunos ejemplares de carrasca (Quercus rotundifolia) que, de forma dispersa, aparecen por el paraje recordándonos lo que en otros tiempos fueron extensas formaciones boscosas. Menos abundante es el madroño (Arbutus unedo) cuya población, junto con el cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb) y el fresno de flor (Fraxinus ornus), está prevista reforzar dentro del Plan de gestión de la Microrreserva de flora de l’Alt de Senabre que linda con l’Encantà.

Flora arbustiva

Entre los arbustos abunda el lentisco (Pistacia lentiscus) y la cornicabra (Pistacia terebinthus). Otros arbustos también abundantes son el enebro (Juniperus oxycedrus), la coscoja (Quercus coccifera), planta próxima a la carrasca pero con hojas de un verde más nítido, la aliaga (Ulex parviflorus), arbusto fuertemente espinoso y con flores de un color amarillo intenso que dan color al paisaje invernal, el brezo (Erica multiflora) de hojas reducidas y flores de color rosa pálido y el palmito (Chamaerops humilis), única palmera autóctona de la Península Ibérica. Otra especie interesante es la sabina (Juniperus phoenicea). En primavera destacan en el paisaje las grandes flores blancas o rosas de las jaras (Cistus albidus, Cistus salviifolius, Cistus monspeliensis). Entre las plantas aromáticas, mayoritariamente de la familia de las labiadas, son abundantes el romero (Rosmarinus officinalis), el tomillo (Thymus vulgaris), la ajedrea (Satureja obovata) y, en menor abundancia, la pebrella (Thymus piperella), especie protegida por ser endemismo ibero-levantino.

Asimismo, en la Microrreserva de flora de l’Alt de Senabre, lindante con l’Encantà en su desembocadura, se han catalogado 252 especies en apenas 5,61 hectáreas –de las cuales 13 son endémicas, 11 son raras con riesgo menor de extinción, 3 están amenazadas y otras 5 son especies protegidas en el ámbito autonómico–, lo que puede dar una idea de la biodiversidad florística de la zona.

Microrreserva de flora

Vegetación de ribera

Junto al cauce aparece otro tipo de vegetación dependiente del agua: la vegetación de ribera. Entre los árboles destacan el chopo (Populus nigra) y el álamo blanco (Populus alba), los dos caducifolios, fácilmente distinguibles entre sí por las hojas. Aparecen también diversas especies de sauces (Salix eleagnos), así como la abundante adelfa (Nerium oleander), de grandes flores rosadas y venenosa tanto para el hombre como para el ganado. Junto a ésta resulta fácil encontrar el tamarindo (Tamarix gallica), la zarzamora (Rubus ulmifolius), formaciones de caña (Arundo donax). Muy cerca del río aparecen de forma dispersa formaciones de carrizo (Phragmites australis), un tipo de caña no tan alta pero más estilizada que requiere la presencia de agua, al menos de forma estacional, la cola de caballo (Equisetum telmaitea), el yezgo (Sambucus ebulus), la unciana (Dorycnium rectum), el rosal silvestre (Rosa micrantha), la esparraguera (Asparagus acutifolius), el mirto (Myrtus communis), el brusco (Ruscus aculeatus), la carrasquilla (Rubia peregrina), la zarzaparrilla (Smilax aspera) y el durillo (Viburnum tinus). Ocupando el mismo nicho ecológico, en la orilla, es fácil encontrar la enea (Typha dominguensis), con unas largas hojas, siendo muy característica su inflorescencia en forma de puro, y el junco (Schoenus nigricans). También se conocen en la zona varias especies de helechos, como el helecho hembra (Pteridium aquilinum), el polipodio (Poyipodium vulgare) y el culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris), que vive en ambientes húmedos con goteo de agua.

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