12/11/2009 – Documentando la batalla por el hisn de Binnah-Qatal

Hoy me he levantado con las piernas doloridas tras la terrible ascensión al Guatleró y a la cima de Benicadell que llevé a cabo durante el día de ayer junto a Carlos Sanchis. El motivo que nos llevó hasta el Guatleró era documentar el enclave, sus accesos, sus vistas, su posición estratégica. La cima estaba repleta de restos cerámicos -fundamentalmente de fragmentos de tinajas de gran tamaño con cordones adosados-, y los vestigios de dos muros de piedra seca que, según los expertos, podrían pertenecer a un asentamiento en altura de origen andalusí que abarcaría el periodo entre los ss. X-XII. Parece ser que la importancia estratégica de este enclave residía en controlar el camino que unía el valle de Albaida con el de Perputxent a través del actual puerto de Salem.

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Después de ascender al Guatleró pero, fundamentalmente, tras acometer la violenta subida a la cima de Benicadell por aquellas trochas pedregosas abiertas en las aliagas por los jabalíes, la opción de que el Guatleró jugara un papel importante en la batalla por el hisn de Binnah-Qatal ha perdido muchos enteros. Me inclino por pensar que el castillo se situara en la zona aledaña a la cima, donde el pozo, y que el puig que  los hombres de al-Azraq controlaban a oriente del castillo -según se refiere en la Crónica de Jaime I- se encontrara en la parte superior de la subida a Benicadell desde el Guatleró, en el alto que antecede a la depresión que lleva hasta la zona del pozo. De este modo, el cerramiento de la muralla oriental del castillo sería mucho más corto y sencillo de construir y de defender, y la guarnición se encontraría más recogida. Igualmente, el castillo alcanzaría unas dimensiones formidables, puesto que, además, desde esta ubicación se tenía un perfecto acceso a la parte superior de la cresta rocosa que domina la vertiente septentrional.

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Inicialmente, pensaba que la muralla oriental podía encontrarse más abajo (ver entrada 21/05/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq (1): la batalla de Binnah Qatal), empotrada entre las crestas rocosas que delimitan el valle interior que asciende desde el Guatleró, pero esta posibilidad no se sostiene puesto que, además de agigantar innecesariamente la superficie del castillo y de dificultar su defensa y el recogimiento de la guarnición, la propia muralla funcionaría a modo de presa con la ingente cantidad de derrubio que desliza ladera abajo. No aquello no tenía ningún sentido…

Así, bajo esta nueva hipótesis de localización, las funciones del Guatleró se limitarían, si acaso, a  vigilar el camino de Salem y, en caso de necesidad, garantizar una vía de escape para el castillo, de ahí que los restos cerámicos del Guatleró sean anteriores al XIII.

Sin embargo, en la obra “Els musulmans al Comtat”, recientemente editada por el Centre d’Estudis Contestans, he podido encontrar una nueva hipótesis para su localización. Según esta publicación, el castillo de Benicadell podría coincidir con el castell vell d’Albaida, situado sobre el Alto del Baladrar en el extremo occidental de la sierra de Benicadell, a unos dos kilómetros al sur de al-Bayda (la Blanca), al otro lado de la N-340. Lo justifican en una razón muy simple: este castillo controlaba el paso por el camino que, desde Xàtiva, marchaba hasta Cocentaina, Alcoi, Castalla y Xixona.

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Sea como fuere, no necesito conocer la exacta localización del castillo para alcanzar los fines narrativos que persigo, de modo que las razones de investigar este aspecto obedecen a la conveniencia de conocer y documentar el enclave con vistas a conseguir una mayor verosimilitud durante la escritura.

Un último apunte: estando en la cima del Guatleró pudimos observar las disputas territoriales protagonizadas entre un halcón peregrino y un águila perdicera. El halcón, mucho más pequeño pero con mayor capacidad de maniobra, hostigaba el majestuoso planeo del águila con rápidos ataques dirigidos desde todos los flancos, y no cesó en su empeño hasta conseguir su objetivo. Pensé entonces que esta misma situación pudieron vivirla al-Azraq y sus hombres durante su campaña de asedio al castillo, e imaginé el alborozo entre los andalusíes al conocer el desenlace. Huelga decir que los hombres de al-Azraq se identificaban con la técnica del halcón, y que el águila, en vez de perdicera, era un águila real, jaimina.

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06/11/2009 – La alquería y despoblado de al-Kanisiya (Alcanesia)

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Acompañado por Francisco Catalá Gadea –el tío Paco de Fantaquí-, el pasado jueves 5 de noviembre visité la alquería de Alcanesia (del árabe al-Kanesiya, la iglesia). La alquería conserva algunas de las que fueron sus casas, casi todas ellas en estado ruinoso tras el derrumbe de sus tejados. La mayor parte del poblado se encuentra derruido y los cantos que constituían sus muros aparecen desperdigados por doquier: en los bancales, en sus márgenes, en formidables montoneras. La alquería debió tener su importancia a tenor de los datos censales correspondientes al año 1602, que le otorgaban una población cercana a los 150 habitantes, así como por la extensión de las construcciones que todavía pueden adivinarse sobre el terreno.

Dos aspectos llamaron poderosamente mi atención: 1) en al menos una de las casas se conservaba un lienzo de muro construido mediante la técnica de tapial (tabiya), empleándose tierra, piedra y mortero de cal para su construcción; y 2) la conexión visual con la atalaya de Almaraién y el castillo de Perputxent era nítida, perfecta.

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21/08/2009 – Mini-exposición arqueológica y fotográfica en Beniarrés

Con motivo de la Semana Cultural de Beniarrés, el Museo Arqueológico de Alcoy ha tenido a bien ceder los restos cerámicos que encontramos en el granero fortificado de la Cova dels Nou Forats para mostrarlos al pueblo de Beniarrés. Esta modesta exposición se montó en el Centro de Interpretación de la Cova de l'Or, acompañados por diez fotografías de diferentes enclaves de la vall de Perputxent (cima de Benicadell, castillo de Perputxent, atalaya de Almaraién, granero fortificado de la Cova dels Nou Forats y barranco de l'Encantà), y estuvo abierta al público durante unos días.
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31/07/2009 - El "Llibre dels Fets"

Jaime ILa Crónica del Rey Jaime I, más conocida como “El Llibre dels Fets”, es una narración supuestamente dictada por el propio monarca donde se recogen los acontecimientos de su vida, desde su nacimiento en 1208 hasta su muerte en 1276. Se trata, pues, de un documento de extraordinario valor dado que en él se detallan de primera mano las campañas militares que el monarca llevó a cabo para la conquista de Mallorca y Valencia y la pacificación de Murcia, así como, aunque en menor medida, otros episodios relativos a su vida personal y a la forma de vida de la época.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra en lo concerniente a lo que aquí nos ocupa es la información que aporta acerca de las revueltas protagonizadas por al-Azraq. Es más que probable que el wazir hubiese caído en el olvido de no ser porque Jaime I lo menciona en numerosos capítulos de su Crónica, y ello pese a que sus referencias se hacen siempre con la intención de destacar sus malas artes. Pero es justamente esa animadversión hacia al-Azraq la que engrandece su figura. De las lindezas que le dedica el monarca (entre otras, lo acusa de traición, de faltar a su palabra y de haberlo querido matar), se deduce el protagonismo que tuvo el Moro en su época y los quebraderos de cabeza que supusieron sus malas relaciones. No se explica de otro modo que la Crónica dedique tanta atención a los episodios que abocaron a la derrota del wazir y su posterior destierro. No cabe duda: si leemos la Crónica con atención, podemos obtener un perfil bastante aproximado de la figura de al-Azraq.

El capítulo 361 (De cómo el Rey conoció que al-Azraq se había apoderado de algunos castillos valencianos) descubre el motivo que desencadenó la guerra: la toma de los castillos de Gallinera, Serra y Pego por parte de los musulmanes. El rey acusa a al-Azraq de romper el Pacto de Alcalá, firmado el 15 de abril de 1245, por el cual el castillo de Gallinera y otros tres en poder de los musulmanes (Margarida, Churolas y Castell) se librarían a los cristianos tres años después de la firma del Pacto, esto es, en abril de 1248. Pero el hecho de que el castillo de Gallinera estuviese en manos cristianas antes de la fecha de su liberación supone una ruptura previa del pacto por parte cristiana y, por tanto, las acusaciones de traición que vierte el monarca en su Crónica podrían ser infundadas y, en su caso, debería aplicarlas a sus propios hombres. De todos modos, y pese a que resulta muy probable que fuesen los cristianos quienes incumplieran el Pacto, existe también una alta probabilidad de que al-Azraq favoreciera esta ruptura dado que la rapidez y facilidad con la que sus hombres tomaron otras fortalezas predispone a pensar en un complot por parte de éste. Por tanto, esta información –sesgada– llegada a través del Llibre dels Fets y cumplimentada con el texto del Pacto de Alcalá induce a pensar en una conspiración premeditada por parte del Moro con el fin de procurarse una coartada.

El capítulo 362 (De cómo el Rey se enteró que el alcaide de Játiva era partidario de al-Azraq) revela que el levantamiento que encabezó al-Azraq tenía sus adeptos fuera de sus propios territorios y propició posteriores alzamientos en territorios ajenos. Esto nos presenta a al-Azraq como un ídolo para la comunidad musulmana dentro y fuera de sus dominios.

En el capítulo 363 (De cómo el Rey se enteró que al-Azraq se había apoderado del castillo de Penáguila), el propio monarca reconoce los quebraderos de cabeza que le ocasionaba al-Azraq, que lo desvelan en busca de venganza. La revuelta se extendía rápidamente por los territorios fronterizos a los dominios del moro.

En los capítulos 364-369 se relatan las acciones que emprendió el Rey con el fin de expulsar a todos los musulmanes del Reino de Valencia. Sin embargo, la medida provocó que las revueltas se extendieran a otros lugares y, finalmente, pagaron justo por pecadores y los expulsados fueron, precisamente, aquellos que no participaron de las revueltas.

Penó de la conquesta

En los capítulos 370-371 se relatan los hechos que acontecieron en la batalla por el control del castillo de Benicadell. Aquí, al-Azraq aparece ya como el cabecilla que acaudilló la revuelta (I aquells que s'hi quedaren a la nostra terra elegiren per cap al-Azraq). De la lectura de estos capítulos se desprende que las revueltas se habían generalizado, que los musulmanes habían tomado numerosos castillos y que el wazir contaba con la ayuda de Castilla. Asimismo, pone de manifiesto la importancia del enclave de Benicadell y enaltece la figura de Abenbassol (¿Abu ibn Basol?), lugarteniente de al-Azraq fallecido durante la batalla.

El capítulo 372 (De cómo el Rey de Castilla ayudó a al-Azraq contra el Rey don Jaime) destaca las excelentes relaciones que el wazir mantuvo con Alfonso X el Sabio, con quien llegó a establecer una alianza e incluso puede que incluso le rindiera vasallaje; a cambio, el monarca castellano intercedía con su suegro, Jaime I, para que le concediera treguas al Moro. Asimismo, en el capítulo 375 se refieren los hechos de lo feyt de Rogat donde el monarca a punto estuvo de perder la vida a manos de los hombres de al-Azraq.

Finalmente, los capitulos 373-377 refieren la traición que sufrió el wazir por parte de uno de sus consejeros y cómo ésta propició la rendición de al-Azraq y su consiguiente destierro.

JAUME I

Regresando al Llibre dels Fets, encontramos en él numerosas referencias a las técnicas de combate y asedio empleadas en la época, muchas de las cuales no pudieron ponerse en práctica en los territorios de al-Azraq dado que sus particularidades orográficas desaconsejaban el empleo de la caballería pesada. Asimismo, los castillos de al-Azraq eran castillos roqueros donde resultaba materialmente imposible el empleo de los diferentes aparejos existentes para lanzar piedras contra los asediados (almajanec, fonèvol, manganell, trabuquet); para capitular estos castillos sólo había dos métodos: el pacto o un asedio que podía prolongarse por mucho tiempo. No, el particular relieve de los dominios del wazir favorecía el empleo de la caballería ligera, las ballestas y las emboscadas, artes de guerra que los musulmanes dominaban bien, más aún en un terreno que conocían a la perfección.

ConsellDestacan también ciertas costumbres de la época, como la extrema religiosidad que mostraban en su habla, con numerosas referencias a la providencia y voluntad divina, cuya abundancia llega a sorprender e incluso aburrir. Asimismo, sobresale la importancia de los Consejos -por ambas partes-, sin cuya participación no se emprendía ninguna acción ni se tomaba una sola decisión importante.

Por otra parte, pese a que el Llibre del Fets se presenta como una formidable oportunidad para conocer el conflicto que mantuvieron el Cristianismo y el Islam, mucha de la información que aporta debe tomarse con precaución y leerse entre líneas dado que el libro sólo refleja la versión de una de las partes y, como es de entender, en demasiadas ocasiones se ensalza lo propio y se denuesta lo ajeno.

Respecto de la figura del rey Jaime I, la impresión que me queda después de retirar el halo de santidad, solemnidad y grandeza con que le han vestido durante estos últimos siglos es la de una personalidad grandiosa y miserable a partes iguales. La Cristiandad lo ha convertido en un modelo de conducta, el látigo que laceró a los infieles; sin embargo, a menudo Jaime I se muestra fanático, soberbio, oportunista, cruel y déspota. No es de extrañar, pues, que los musulmanes lo refiriesen como el "tirano de Barcelona"..

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15/06/2009 - La Cova dels Nou Forats en el entramado defensivo de Perputxent

Durante estos días he redactado un artículo que se incluirá en el libro de las fiestas patronales de Beniarrés 2009. El artículo se titula: Aproximación a las funciones de la Cova dels Nou Forats en el sistema defensivo de la vall de Perputxent durante las revueltas de al-Azraq (1247-1258): memoria de una ficción, y es un refrito convenientemente enlazado de las informaciones aparecidas en este blog acerca del entramado defensivo de Perputxent en el periodo previo a la conquista feudal. Para leerlo y/o descargarlo, pinchar sobre la imagen.

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09/06/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq (5): asedio en Gallinera

 

(…) E exim lo diuenres apres Pascha de Xatiua, e fom a Cocentayna,
e haguem ardit quels Richs homens uenien, e quen hauia en Ualencia vna partida.
E quan uench al dijous a anant fom nos auengut ab lalcait de Planes, e de Caslell, e de Pego.
E en laltre dia hoyda la missa anam nosen a Alcala, e nons hi gosa esperar, e mudas a Galinera.
E nos anam a Alcala, car ali tenia son alberch major que en altre logar.
E no uolem dir totes les coses quey foren feytes, car seria alongament del libre:
mas al •VIIIe• dia cobram Alcala, e Galinera, e •XVI• castells quens hauia emblats e tolts,
e feu couinença ab nos que exis de nostra terra per tostemps sens que james noy tornas.(…)

 (Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 376)

 

(…) E dix axi: Aladrach uos a preses alguns castells en terres de Ualencia, e nous ho gosauem dir.
(…) E dixem: Sabets quins castells nos ha preses? E el dix: Galaner, e Serra, e Pego. (…)

 (Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 361)

 

El castillo de Gallinera se asienta sobre una cresta rocosa de muy difícil acceso, situada en las estribaciones orientales de la serra de la Foradada, a 475 metros de altitud. Se trata de una fortificación con forma alargada, de unos 150 metros de longitud por apenas 33 de anchura máxima, con orientación NE-SW, que cierra la entrada a la vall de Gallinera desde la planicie costera.

Los restos arqueológicos permiten datar su construcción en la época post-califal, posiblemente a finales del siglo XI o principios del XII, aunque casi todos los elementos arquitectónicos visibles en la actualidad corresponden a una reconstrucción del castillo realizada a finales del siglo XIV, tras el terremoto de 1396. El recinto amurallado presenta lienzos totalmente almenados y al menos ocho torreones de diversa factura distribuidos a lo largo de su perímetro; en su interior puede observarse un gran albacar, dos aljibes y la que en su día fuera la torre del homenaje. El acceso al castillo se realizaba en recodo, a través de una puerta situada a Levante y custodiada por una torre defensiva y un corredor abierto entre dos lienzos de muralla.

Pero el castillo de Gallinera fue importante por dos cuestiones: 1) porque propició la ruptura del pacto de Alcalà y, por tanto, el inicio de las hostilidades, y 2) porque fue el lugar desde donde al-Azraq negoció con Jaime I las condiciones de su destierro. Así, la revuelta tuvo su origen y su final en este lugar de tan difícil acceso, donde no era de extrañar que las acémilas se despeñaran.

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Al castillo de Gallinera subí por dos veces. La primera me quedé a sus pies, incapaz de encontrar la senda que debía llevarme hasta él. Me maravillé con su arquitectura y, sobre todo, con el enorme esfuerzo que debió suponer su construcción en un lugar tan escarpado. La segunda, sin embargo, comprobé las dificultades de su acceso, pero una vez alcanzado el objetivo me fascinaron sus impresionantes vistas hacia la vall de Gallinera y, también, hacia la llanura costera de la Marina Alta y la Safor. Al igual que sucede con el fortín de Alimarén en la sierra de Benicadell, su situación fronteriza le permitía observar los movimientos de las tropas enemigas y alertar a los territorios del interior, dado que mantiene comunicación directa con todo el sistema defensivo de Gallinera, esto es, con el hisn de al-Qal'a y las torres de Mathquba y Alpatró. Ya con la noche bien cerrada me acomodé entre sus almenas -los pies colgando en el precipicio y la mirada perdida en el valle- y me asomé al balcón de Gallinera. Con muy poco esfuerzo pude abstraerme de la contaminación lumínica a mi espalda y centrarme exclusivamente en lo que me había llevado hasta allí: el asedio al castillo de Gallinera o, lo que es lo mismo, los últimos días de al-Azraq en aquella tierra. En el fondo del valle, junto al pedregoso cauce del río Gallinera, los fuegos del campamento cristiano emanaban olores que retorcían las tripas de quienes -apostados como yo entre las almenas- racionaban los últimos mendrugos. Esa fue, precisamente, mi cena: un mendrugo de pan, agua y el olor de un fuet sabrosísimo que, para escarnio de mi apetito, me propuse no catar. El pan estaba duro, tanto que se desmigaba en las manos y me hirió en la boca. Abajo, los acordes del laúd animaban la velada; arriba, sin embargo, los ánimos decaían y, cada tanto, el silencio se quebraba con la plegaria del famélico, con la sorda llantina de la madre, con la zozobra que inunda el pecho de quien se sabe desahuciado. Pronto, el vino del campamento silenció la música y un grito restalló en la noche: ¡perros sarnosos, rendíos! Tras cinco días de asedio, el granero estaba vacío y las ballestas aguardaban, mohínas, junto a las almenas. De nada servía maldecir su traición: tres días después, el wazir capitulaba sus castillos. Fue el último lunes de la primera jumada del año 656 de la Hégira cuando al-Azraq y sus qwwwad abandonaban la tierra que les vio crecer, camino de Castilla, camino del destierro. Contaban quienes le vieron cruzar por Planes, que el wazir cabalgaba erguido y que al pasar junto al castillo lloraba como un niño.

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30/05/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq (3): husun de Planes y Margalita

Hisn de Planes

El castillo de Planes se encuentra en lo más alto de una colina, a 470 metros de altitud, rodeado por las casas de la villa que le da nombre. Presenta un recinto poligonal fortificado de 220 metros de perímetro y unos 2900 metros cuadrados de superficie, así como un buen número de remodelaciones debido al uso continuado desde su construcción y, también, a su integración en el casco urbano. De la época musulmana conserva la barbacana de tapial que rodea buena parte del perímetro castral, formando una plataforma de unos 5-6 metros de anchura bajo las murallas. Estas se levantaron mediante la técnica de tapial sobre un basamento de mampostería que se ajusta a las irregularidades del relieve, alcanzando en algunos lugares una altura superior a los ocho metros. Un adarve o camino de ronda recorría la coronación de un recinto amurallado que estaba totalmente almenado y que presentaba nueve torres distribuidas a lo largo de su perímetro.

Una de las construcciones más interesantes es, sin duda, el acceso triplemente acodado que actualmente puede observarse en la fachada sud-oeste, flanqueado por dos torres defensivas ataludadas y un doble muro a modo de corredor. Sin embargo, este no era el acceso musulmán original, como así lo explica José Luis Menéndez Fueyo en un interesante artículo titulado La puerta del castillo de Planes (Alicante): una aportación al estudio de las puertas en recodo en fortificaciones de ámbito rural en época almohade, fruto de las excavaciones arqueológicas preliminares incluidas en el proyecto de restauración del poblado fortificado de Planes de la Baronía promovido por la D.G. de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura, Educación y Ciencia, trabajos que se llevaron a cabo en 1995 bajo la dirección del propio José Luis Menéndez y de Santiago Varela, arquitecto de la Dirección Territorial. Según las evidencias arqueológicas y arquitectónicas encontradas, es muy posible que el acceso original se realizara desde el norte, obligando a que el visitante recorriera el pasillo entre la muralla y la barbacana hasta llegar a las dos torres defensivas situadas al sur, franquease sendas puertas abiertas bajo la primera torre, atravesara el corredor entre torres, franquease otras dos puertas -esta vez situadas en recodo bajo la segunda torre- y, finalmente, accediera por la rampa que desemboca en el interior de la fortaleza. Todo este recorrido, como es de suponer, estaba salpicado de almenas, torres y aspilleras que, en su caso, trataban de impedir el asalto del castillo. Este sistema de ingreso se ha fechado en el primer tercio del siglo XIII y se expone a continuación, en una reconstrucción aparecida en el citado artículo.

Pero quizá no sea éste el descubrimiento arqueológico más importante. En otro más que interesante artículo del mismo autor, titulado: El castell de Planes (Alicante): un poblado fortificado almohade a la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos, se informa del hallazgo de una trama urbana que confirma la existencia de un poblado con carácter permanente fechado en la primera mitad del siglo XIII. El trazado urbano apareció al abrir una trinchera longitudinal de dos metros de anchura -entre el aljibe situado al este y el lienzo de la muralla oeste- en los rellenos efectuados durante el período feudal, mostrando los ejes N-S de tres calles paralelas entre sí y flanqueadas por viviendas unicelulares construidas mediante fábrica de tapial sobre una cimentación de mampuestos irregulares, rematadas con un enlucido de mortero de cal o yeso y techadas con teja curva.

El hallazgo de la trama urbana en el interior del hisn de Planes, como sugiere Menéndez Fueyo, permite disponer del suficiente margen de seguridad para comenzar a admitir la concentración poblacional en núcleos fortificados con carácter permanente a lo largo de la época de dominio almohade; sobre todo, en momentos donde, tras la pérdida de Cuenca y Huete y la fallida expedición de recuperación por tierras del Sharq al-Andalus (Huici, 1969) se opta por establecer puntos fortificados en lugares de paso con la misión de defender la débil estructura castral del cada vez más reducido territorio almohade, concentrar la población y poner en valor las tierras de cultivo (...) Además, merece la pena recalcar esta reflexión para desechar la tradicional idea de que estos recintos actúan a modo de albacares donde en su extensa planicie podrían encontrar refugio el ganado y lo dispersos habitantes que poblaban las alquerías (...) Al respecto de esta controversia, en un artículo titulado Fortificaciones en yibal Balansiya. Una propuesta de secuencia, Josep Torró admite la excepcionalidad de la fortificación de Planes pero expresa sus dudas acerca del carácter residencial permanente de esta tipología defensiva, insistiendo en que normalmente no se trata de residencias estables, sino de alojamientos provisionales complementados con instalaciones auxiliares, como establos, hornos, almacenes, graneros, pensadas para sostener a un grupo numeroso de gente durante los días de peligro. Según Torró: Una celda, un habitáculo, no debe confundirse, de ninguna manera, con una verdadera casa. Sin ánimo de entrar en valoraciones que no me corresponden, resulta evidente que el contexto histórico del primer tercio del siglo XIII predispone a que las urgencias defensivas derivadas de la ofensiva feudal (necesidad de eludir las razias, el destierro, la muerte o, peor aún, el cautiverio) propiciaran el desarrollo de tan variados sistemas defensivos como pueden observarse en los territorios de al-Azraq: husun rurales con albacar, torres de alquería, poblados fortificados, cuevas-ventana de acantilado, fortines, reformas en castillos de época taifal e incluso anteriores, graneros fortificados... Entiendo, por tanto, que la fortificación del poblado de Planes -residencial o no, provisional o permanente- responde a una tipología defensiva más de entre las muchas que se originaron por aquellas fechas. A mí es lo único que me incumbe. Sin embargo, aunque responda a las mismas necesidades defensivas que el resto, sí parece que la construcción de semejante trama defensiva exceda la capacidad organizativa de una aljama rural. Es una lástima que, a la luz de las evidencias encontradas en el castillo de Planes, las excavaciones no se hayan extendido al resto del recinto; de esta manera podríamos completar la estructura arquitectónica del poblado y, lo más importante, profundizar en el conocimiento de esta interesante y singular tipología defensiva.

Dejando a un lado los interesantísimos aspectos arqueológicos y arquitectónicos referidos, el hisn de Planes fue importante por el papel que –al menos en mi ficción– jugó durante el levantamiento promovido por al-Azraq. A este respecto, cabe recordar lo expresado en el post [14/02/2009 - A vueltas con el traidor de al-Azraq: así comenzó la leyenda]. Como sabemos, el de Planes fue un castillo de trascendencia estratégica puesto que abría/cerraba el paso hacia los dominios de al-Azraq desde el interior. No voy a repetir lo dicho en el referido post, sólo recordar que el propietario del castillo y la villa de Planes era un musulmán hacendado llamado Avinzalmo, que se trasladó hasta Planes en 1239 tras la conquista de la ciudad de Valencia, que llegó a ser consejero de al-Azraq y que, por motivos que aún desconozco -aunque intuyo-, terminó por traicionarlo.

Hisn de Margalita

El castillo de Margarida corona la parte superior de un espectacular risco de la sierra de Cantacuc, a 720 metros de altitud. Sus escarpadas paredes de más de 20 metros de altura forman una defensa natural inexpugnable que hacen innecesaria la construcción de una muralla. Actualmente, sólo se puede acceder al recinto por medio de la escalada, pero antiguamente se hacía a través de una escalera o rampa artificial construida en la parte sud-oeste, de la que sólo quedan evidencias en forma de excavaciones y taladros sobre la roca en la parte baja, así como de un trozo de pared de mampostería y los últimos peldaños excavados sobre la roca en la parte alta. Cuentan en Margarida que la escalera de acceso se voló con dinamita sobre 1930.

En la parte superior, el hisn de Margalita poseía un pequeño abrigo en forma de habitáculo o torre de unos 4x5 metros de planta, construido en mampostería, del que subsisten tres de sus cuatro paredes; asimismo, queda un pequeño muro defensivo levantado junto al tramo final de la escalera con la finalidad de defender el acceso. En la parte inferior, pueden verse los restos de lo que fueron dos aljibes excavados en la roca, ahora cegados.

El hisn de Margalita aparece en el documento del Pacto de Alcalà como uno de los ocho castillos en posesión de al-Azraq, constituyendo su principal referencia histórica.

A los pies del hisn de Margalita discurre el barranc de l’Encantà, desde donde tomé esta foto tras más de cuatro horas esperando a que las nubes decidieran entrar en el plano. La espera valió la pena, no por la foto, sino por la siesta que disfruté a la sombra de los pinos, acompañado –cómo no– por el incansable reclamar del cuco que, constantemente, me recordaba el nombre del lugar donde me encontraba.

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BIBLIOGRAFÍA

· José Luis Menéndez Fueyo. La puerta del castillo de Planes (Alicante): una aportación al estudio de las puertas en recodo en fortificaciones de ámbito rural en época almohade. Boletín de Arqueología Medieval, nº9 (1995)

· José Luis Menéndez Fueyo. El castell de Planes (Alicante): un poblado fortificado almohade a la luz de los nuevos descubrimientos arqueológicos. Recerques del Museu d'Alcoi, V (1996)

· Josep Torró Abad. Fortificaciones en yibal Balansiya. Una propuesta de secuencia. Castillos y territorio en al-Andalus (1998), pp. 385-418.

· Centre d'Estudis Contestans. El Comtat, una terra de castells (1996)

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21/05/2009 - Incursión en los territorios de al-Azraq: la batalla de Binnah Qatal

 

E sobre aço anaren la, e los sarrains tenien •II• pugs, •I• deça la pena, e laltre dela,
si quels nostres ab cauals armats e ab homens a peu los hagueren a combatre,
e tolgren los aquel pug que era de la part dels nostres.
E aqui mori Abetibassol que era lo meylor sarray que Almaçarich hauia,
el pus poderos, e encara de ualor ualia plus que ell.
E ab la ajuda de Deu ueeren los chrestians quel pug perderen los della,
e els sarrains qui eren dessa ueeren que Abenbaçol fo mort,
e mudaren se en aquel pug dela:
e els chrestians cuydaren se que nol desemparassen,
e no meteren guardes al peu del pug.
Els sarrains exirernsen tots, e anarensen recuylir a Alcala en terra Dalaçrach.
E daqui enant preferen ardiment los chrestians, e fo baxat lo poder dels sarrains.
E dura la guerra be per •III• anys o per •IIII•
que Alaçrach parlaua pleyt ab don Manuel frare del Rey de Castella primer,
e puys ab lo Rey de Castella.

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer…, 371)


Quo in loco quendam castrum, qui dicitur Pennacatel,
quod sarraceni funditus destruxerant,
multis et firmis edificiorum munitionibus rehedificauit,
atque muro inexpugnabili undique cinxit, firmiterque illud construxit.
Tam militum quam peditum multitudine ómnibus
armorum generibus sufficienter minitum,
prefatum castrum tandem minium miniuit:
panis etiam uini et carnis copia illud copiose repleuit.

(Historia Roderici apud Menéndez Pidal, R., La España del Cid, 1929, II, 949)

 

Numerosas crónicas medievales refieren la existencia de un castillo en la sierra de Benicadell (Penna Cadiella, Penacatel, Penacadell, Peña Catir, Binnah Qatal…). Respecto a su ubicación existen al menos dos teorías. Algunos historiadores, como R. Menéndez Pidal, lo sitúan en el castillo de Carbonera (teoría carente de fundamento puesto que existen documentos del siglo XIII que los diferencian expresamente); otros, como Pierre Guichard, concluyen que éste debió encontrarse en la cima, en lo que denomina El Pic, a 1104 metros de altitud. Todos coinciden, sin embargo, en destacar su importancia y en asegurar que la fortaleza tenía un formidable valor estratégico y un considerable tamaño.

En un trabajo titulado “El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell”, publicado en el volumen XXIII.2 (2002) de la revista al-Qantara del CSIC, Vicente Carlos Navarro Oltra ahonda en la teoría que lo sitúa en El Pic, sirviéndose de numerosas referencias y/o evidencias documentales, geográficas y arqueológicas para basar sus hipótesis, pero, fundamentalmente, de un ingenioso y pormenorizado análisis de lo referido en los capítulos 370 y 371 del Llibre dels Feyts o Crónica de Jaime I, donde se relata el hostigamiento al que fue sometido por parte de los hombres de al-Azraq y la posterior intervención de las huestes jaiminas llegadas en refuerzo para levantar el asedio.

Al respecto de la fecha en que pudo acontecer este hecho en cuestión, Josep Torró lo sitúa entre mediados de 1248 y principios de 1250, es decir, durante los primeros meses/años del levantamiento andalusí. Puede que lleve razón dada su importancia estratégica, puesto que desde el hisn de Binnah Qatal se controlaba el camino que, vía Játiva, unía Valencia con Cocentaina, anticipando cualquier movimiento de tropas en la zona. En palabras del propio Jaime I: …car si Penacadel se perdia lo port de Cocentayna se perdria, que no gosaria hom anar a Cocentayna, ni Alcoy, ni a les partides de Sexona, ni a Alacant per negun loch, e seria gran desconort dels chrestians… Así, resulta muy probable que una vez afirmado el levantamiento en el interior de los valles, al-Azraq decidiera asegurarse el control de la frontera septentrional mediante la toma del castillo de Benicadell, de ese modo evitaba también la presión psicológica de sentirse permanentemente observado (la figura del Benicadell se contempla desde buena parte de los castillos que formaban parte de sus dominios del Moro)

Unas semanas antes de visitar la cima de Benicadell, tuve la ocasión de leer el artículo de Navarro Oltra, de modo que cuando llegué al lugar ya sabía qué debía comprobar y hacia dónde debía mirar. Por lo que conocía de Benicadell, me parecieron muy acertadas sus apreciaciones durante la lectura y, después de constatarlas sobre el terreno, las continúo teniendo en consideración.

Llama la atención la evidente ausencia de restos arquitectónicos –salvo el pozo existente en la cima y un recinto de unos 5 metros cuadrados junto al actual vértice geodésico que parece perfilado sobre la misma roca–, pero conociendo lo escarpado de la orografía y, sobre todo, la importancia estratégica que le confieren los documentos medievales, no sería de extrañar que en alguna fecha posterior a la segunda mitad del siglo XIV los feudales decidieran arrasarlo para evitar que pudiera caer en manos del enemigo. No sucede lo mismo con los restos arqueológicos, puesto que en nuestro viaje encontramos numerosísimos restos cerámicos dispersos por toda la zona como el de una vasija que encontramos en el Alt de Benicadell y que se muestra en la foto.

A raíz de lo expresado en el Poema de Mio Cid (ganaron Peña Cadiella, las exidas e las entradas) y, también, por lo que puede deducirse del episodio 371 de la Crónica, Navarro Oltra sugiere que el castillo de Benicadell podía disponer de dos puertas, situadas a Levante y Poniente aprovechando la orientación natural de las dos crestas calcáreas que impiden el acceso desde cualquier otro punto cardinal. Así, las murallas estarían trabadas entre las crestas y tendrían una longitud aproximada de unos 160 metros, alojando El Pic en su interior. Respecto de su arquitectura, según la Historia Roderici, sabemos que el Cid reconstruye muchos y fuertes edificios a los que aprovisiona con todo lo necesario y rodea de un muro inexpugnable. Asimismo, la Crónica de Orderico Vital señala la existencia de dos torres inexpugnables. Por otra parte, tras el análisis de lo expresado en el pasaje 371 de la Crónica deduce que:

   a) los hombres de al-Azraq poseen dos cerros situados a ambos lados del castillo.

   b) pese a la mayor altura del lugar donde se ubica el castillo, ambos cerros resultan visibles entre sí.

   c) se puede ir de un cerro al otro sin tener que pasar por el castillo.

Binnah Qatal Así, conjetura que los dos cerros desde donde los hombres de al-Azraq asediaban el hisn de Binnah Qatal eran el Guatleró (a 775 m) y el Alt del Benicadell (actualmente el Alt de la Nevera, a 1047 m), a uno y otro lado de El Pic. Apoya esta hipótesis en variados y, a mi parecer, muy acertados motivos, literalmente:

   1. Estos dos cerros sobre los que se establece la tropa de al-Azraq debían ser dos posiciones de cierta altura respecto al inmediato entorno circundante con el fin de poder defenderse de un posible ataque por sorpresa de los soldados del castillo o incluso hacer frente, desde una posición ventajosa, a tropas llegadas en auxilio del castillo.

   2. Los dos cerros no debían estar lejos del castillo para que los asaltantes pudieran controlar o incluso cerrar las sendas por las que llegar o salir de él. Pero a su vez debían estar lo suficientemente lejos para mantenerse fuera del alcance de las armas arrojadizas que pudieran tener los ocupantes del castillo.

   3. Estos dos cerros debían ser lugares suficientemente espaciosos y seguros, por lo que a su defensa se refiere, para poder albergar la tropa que asediaba y cercaba el castillo. Es obvio que la cantidad de hombres que compone el grupo de los atacantes ha de ser superior a la de los asediados.

   4. El que un cerro fuera visible desde el otro facilitaría la coordinación a la hora de atacar el castillo, de llevar a cabo cualquier acción y sobre todo de estar informado de lo que pasaba en cada uno de ellos.

Benicadell

Respecto de la guarnición que custodiaba esta fortaleza, según la Crónica de Orderico Vital sabemos que en tiempos del Cid permaneció un grupo de sesenta soldados, una cantidad de hombres considerable si tenemos en cuenta que en 1273, Jaime I ordena a su alcaide, Juan de Montsó, custodiarlo con quince hombres. De este modo, se puede intuir que durante la batalla de Benicadell el castillo contaría con una guarnición semejante.

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BIBLIOGRAFÍA

· Vicente Carlos Navarro Oltra. El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell. Al-Qantara, revista de estudios árabes, vol. XXIII.2 (2002)

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20/05/2009 - Cronología de un viaje donde cantaba el cuco

Entre los días 3 y 8 de mayo pude recorrer parte de los que fueron territorios de al-Azraq; aun con todo, quedaron muchos lugares por visitar y otros tantos a los que con toda seguridad tendré que regresar. Esta es la breve cronología de un viaje donde el reclamo del cuco nunca dejó de sonar y cuyos entresijos trataré de exprimir en próximas entradas:

El domingo 3 subimos hasta la Cova dels Nou Forats y realizamos un hallazgo arqueológico cuya importancia y repercusión está aún por saber. Todos los detalles al respecto se refieren en la entrada anterior.

DSC09825La mañana del lunes 4 visité la alquería de Benitàixer, situada en las inmediaciones de la Cova dels Nou Forats, aunque no debajo de ella ni con tan buena visual con respecto a ésta como supuse en un primer momento. Me acompañó el tío Paco de Fantaquí, quien me llevó hasta los mismos pies de aquello que resta de ella: apenas un muro construido mediante la técnica del tapial (tabiya). Es de suponer por proximidad que, ante cualquier incursión enemiga, los habitantes de Benillup y Benitàixer se refugiaran en la Cova dels Nou Forats, y que los de Alcanesia y l’Orxa hicieran lo propio en el castillo de Perputxent.

En la segunda etapa del viaje me acompañó mi amigo Jesús Cees. Así fue desde la tarde del lunes, cuando subimos hasta el castillo de Carbonera, en la vertiente norte del Benicadell. Accedimos en coche por el camino forestal que recorre la umbría de esta legendaria sierra fronteriza y, ya con el sol incendiando el horizonte, montamos el campamento en el mismo albacar del castillo, debajo de una carrasca, y cenamos a la luz de la luna mientras tratábamos de adivinar, por la magnitud de sus luces, los diferentes pueblos de la vall d’Albaida.

Pese a que la noche anterior tuvimos sesión fotográfica, el martes 5 nos levantamos con el alba. Subimos más allá del Alt de la Nevera, hasta aquello que Vicente Carlos Navarro Oltra, en un interesantísimo artículo titulado “El castillo de Penna Cadiella en la sierra de Benicadell”, denomina el Alto de Benicadell. Constatamos la abundancia de restos cerámicos en un enclave que, según este autor, jugó un importante papel en el asedio musulmán que relata los capítulos 370 y 371 de la Crónica de Jaime I. Fue allí donde se supone que murió Abenbazol, «que era lo meylor sarray que Almaçarich hauia, el pus poderos, e encara de ualor ualia plus que ell». Desde allí nos dirigimos al Pic de Benicadell donde, por motivos que en su momento analizaré, es muy probable que se encontrara el hisn de Binnah Qatal que menciona al-Idrisi. Desde el vértice geodésico que corona esta formidable cresta calcárea se alcanza a ver –entre otros y según Cavanilles– los muros de la ciudad de Valencia y la isla de Ibiza. El día estaba brumoso, pero en cualquier caso la visual sobre las comarcas del Comtat y la Vall d’Albaida era amplia.

Descendimos Benicadell avanzada la tarde y ya con las últimas luces del día alcanzamos nuestro siguiente objetivo: la atalaya de Almaraién. Pese a la bruma diurna, la noche apareció despejada, lúcida, y las fotografías que tomé de este importante enclave defensivo fueron de las mejores que pude realizar en todo el viaje.

El miércoles 6 estaba destinado a ser un gran día, y no me decepcionó. Llegamos a los pies de la Serra Foradada a eso del mediodía, pero el rigor del sol aconsejó posponer la subida al castillo de al-Qal'a hasta que la tarde estuviera avanzada. Tan fuerte picaba el sol que decidimos darnos un baño en el gorg del Salt con el fin de mitigar el calor. Baño, comida y siesta nos proporcionaron la energía suficiente para afrontar, cargados como mulas, la subida hasta el castillo de al-Azraq, lugar que ya no abandonaríamos hasta el viernes 8 y al que a buen seguro no tardaré en regresar.

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10/05/2009 - Confirmado: la Cova dels Nou Forats es de origen andalusí

IMGP1087Por fin el tiempo nos ofreció una tregua y la tarde del domingo 3 de mayo subimos a la Cova dels Nou Forats pertrechados con seis tramos de escaleras de aluminio. Al poco de plantarnos bajo la oquedad que pretendíamos alcanzar comprendimos que la empresa no sería fácil, pero era precisamente esa dificultad por alcanzar nuestro objetivo la que permitió que los restos cerámicos que encontraríamos permanecieran a salvo del expolio durante más de siete siglos. Cosimos las escaleras mediante bridas y, no sin esfuerzo y riesgo, las colocamos junto a la boca de una de las cuatro cavidades a las que resulta imposible acceder por otros medios. Al apoyar el artilugio contra la pared, unas piedras cayeron sobre nosotros desde 14 metros de altura: había que extremar las precauciones. Carlos subió el primero. Cuando llegó a lo más alto, aún con los pies apoyados sobre los últimos peldaños, introdujo la mano en la oquedad y nos mostró dos fragmentos de cerámica de considerable tamaño; luego, me invitó a acompañarle. Con cada peldaño que subía, el corazón me latía con más fuerza y sólo cuando alcancé la boca de la cavidad conseguí serenarme: los restos cerámicos aparecían dispersos entre lo que parecía un derrumbe localizado de la bóveda. Levantamos dos piedras y aparecieron más fragmentos y algunos cantos rodados de morfología esférica que, muy previsiblemente, pudieron usarse como pesas de una balanza. No quisimos tocar nada, para qué, nuestra labor había concluido con éxito y ahora tocaba bajar. Colocamos las piedras donde las habíamos encontrado, tomamos tres fragmentos de diferente tipología y un trozo de madera de aspecto blanquecino de los que había en superficie, fotografiamos el derrumbe e iniciamos el descenso. Durante la bajada recuperamos una piqueta de madera incrustada en una grieta: ¡parecía imposible que hubiese resistido al paso del tiempo! Ya abajo lo celebramos con los demás, les mostramos el hallazgo y nos tomamos una foto de grupo.

Por la noche hablé con Ximo Andrés -mi estimado Gallo- y le pedí que consultara con el arqueólogo Bernat Martí cómo debíamos proceder y a quién teníamos que notificar el hallazgo. Ahora, los fragmentos recuperados aguardan en el Museu Arqueològic d’Alcoi su reconocimiento y datación por parte de los arqueólogos, aunque una cosa ya es segura: son de época andalusí y nuestro objetivo está más que cumplido. Es de esperar una pronta actuación por parte de la Administración que le corresponda, lo mejor es que restan tres oquedades por estudiar y es muy probable que se encuentren nuevos restos...

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La cova dels Nou Forats es una cavidad peculiar. Presenta una boca con forma circular de unos dieciocho metros de diámetro y una profundidad de tan solo ocho. Está formada por dos tipos de material: roca caliza y un detritus calcáreo ligeramente cementado muy meteorizado en su exterior. En su interior encontramos diez cavidades, nueve de ellas son artificiales y están excavadas sobre el material detrítico: seis abiertas en la mitad superior de la pared, a no menos de ocho metros de altura, y otras tres excavadas sobre la misma bóveda, ligeramente desplomadas. La cavidad restante es natural y está abierta sobre una grieta en la parte inferior de la zona rocosa. Cinco de las oquedades artificiales son accesibles y están de algún modo comunicadas entre sí mediante pasadizos y cornisas; sin embargo, las restantes son totalmente inaccesibles mediante escalada convencional y aún difícilmente alcanzables mediante el empleo de modernos sistemas de anclaje. Es de prever que para su excavación se emplearan escaleras confeccionadas con troncos, posiblemente de chopo dada su abundancia en la zona, así como por su esbeltez y menor peso respecto de otro tipo de maderas; pero, cuál era su función.

El día que presenté nuestro hallazgo cerámico en el Museu Arqueològic d’Alcoi, José María Segura Martí, su Director, me dio la respuesta. Casualmente, Josep Torró Abad y él habían publicado un artículo a este respecto, aparecido en el nº 9 de la revista Recerques del Museu d’Alcoi (2000) y titulado: “El castell d’Almizra y la cuestión de los graneros fortificados”. Entre otras cuestiones, recogen los estudios de Maryelle Bertrand y otros autores sobre aquello que los etnógrafos franceses de la época colonial llamaron greniers de falaise (graneros de acantilado), una especie de almacenes comunales de índole troglodita existentes en la cordillera del Atlas y otros lugares del Magreb que se encuentran excavados en relieves abruptos de difícil acceso y que hacían las veces de fortificación en épocas de fuerte agitación social. Su similitud con las llamadas coves-finestra de cingle existentes en la geografía valenciana hace suponer que éstas tuvieran las mismas funciones, sólo que parece que los graneros rupestres de época beréber son de época pre-islámica y los restos cerámicos hallados en nuestras coves-finestra confirman su utilización durante los siglos XII y XIII, no habiéndose encontrado hasta la fecha una conexión cronológica que permita asegurar que se crearon durante la época más temprana de al-Andalus, es decir, durante el siglo VIII. Tal vez –ojalá–, los restos cerámicos encontrados en la Cova dels Nou Forats ayuden a establecer esa conexión que actualmente no encuentran los investigadores.

Según estudios realizados en el alto Atlas occidental al respecto de los iguadar (una tipología de graneros fortificados), los productos que con mayor asiduidad se han encontrado en sus recintos son la cebada y el trigo, almendras, frutos de argán (del que se obtenía aceite para lámparas), mantequilla fundida, miel, aceite, sal gema, higos, pieles de oveja, armas y objetos de valor como vestidos de fiesta, servicios de té, vajillas de plata y balanzas.

Así pues, todo parece indicar que la Cova dels Nou Forats podía ser un granero fortificado puesto que reúne todos los requisitos para serlo: se encuentra en una zona abrupta fácilmente defendible pero de complicado acceso (de hecho, para acceder a la misma se debe escalar un escarpe rocoso vertical que en su parte más accesible supera los dos metros y medio de desnivel), está situado en un territorio de frontera y en las proximidades de dos alquerías (Benitàixer y Benillup), posee numerosos compartimentos donde cada familia podía almacenar sus víveres y, finalmente, hemos encontrado restos cerámicos que confirman su uso en época andalusí. Pero las necesidades de la ficción literaria me hacen ir más allá y considerar un aspecto de extrema importancia: su comunicación visual directa con todos los componentes del sistema defensivo del valle de Perputxent (castillos de Perputxent y Benicadell, atalaya de Almaraién y torre de Beniarrés). Así, no sería de extrañar que esta modesta fortificación natural (como lo son la inmensa mayoría de las fortificaciones andalusíes de la zona) jugara un papel importante en el sistema defensivo de este territorio de frontera, expuesto a las incursiones enemigas y necesitado, por tanto, de un modelo eficaz de comunicación, rápido, versátil y discreto como es el envío de mensajes mediante palomas mensajeras. Esta función como "central de telecomunicaciones" se complementaría con el uso defensivo de la cueva, aspecto sobre el que ya se ha hablado en otras entradas.

En definitiva, este hallazgo viene a demostrar que una ficción objetiva emanada de la observación, del tesón y de un estudio pormenorizado de los hechos puede ofrecer sus frutos en la realidad. La hipótesis de partida era bien simple: si los andalusíes habían dejado enseres en alguna de aquellas cuatro oquedades inaccesibles, existía una alta probabilidad de encontrarlas, puesto que, ante la dificultad por alcanzarlos, era de prever que –por fatigoso– nadie se hubiese tomado la molestia de imitar el sistema que siglos atrás emplearan quienes los excavaron. Hacía falta una buena dosis de entusiasmo e inconsciencia para llegar hasta ellos y nosotros, de ambas, andábamos sobrados.

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21/04/2009 – Almaraién: el lugar donde nacía el humo

Almaraién

Ayer estuve en Almaraién (también conocido por La Barcella), un fortín-atalaya de origen andalusí ubicado en las estribaciones nororientales de la sierra de Benicadell. Accedí a pie, desde la CV-705, por el camino que lleva hasta el corral de Poldo. Por doquier, la sierra rezumaba el agua de las últimas lluvias y la caminata se convirtió en una amalgama de aromas y colores que –romero en boca– quise saborear. En la distancia, además, los repiques de campanas anunciaban la festividad de san Vicente Ferrer, soniquete que me acompañaría durante un buen trecho y que avivaría recientes cavilaciones acerca de posibles distancias de transmisión de señales acústicas.

El camino discurría entre las cumbres, siempre asomado a la vall d’Albaida, ofreciendo una panorámica distinta en cada revuelta. Y así, respirando las fragancias del tomillo, la santolina y el romero, llegué hasta Almaraién. El fortín se encuentra a 760 metros de altitud, coronando un collado completamente cónico. Se trata de un recinto defensivo de planta poligonal en el que todavía se distinguen los cimientos de lo que fueron cuatro bastiones levantados en sillería seca y algún lienzo de muro construido en tapial. El enclave se encuentra naturalmente protegido en su cara sur y oeste, donde un farallón rocoso hace innecesaria cualquier tipo de construcción defensiva. Los restos cerámicos encontrados en sus inmediaciones permiten datarlo entre los siglos XII-XIII.

Las nubes amenazaban lluvia y me encaramé a una de las torres para tomar una panorámica. Por la vertiente del valle de Perputxent, significar que existe visión directa sobre las poblaciones de l’Orxa y Planes, amén de otros muchos pueblos como Almudaina y Cocentaina. Asimismo, constatar su comunicación visual con la Cova dels Nou Forats, la Foradada y, sobre la sierra de l’Albureca: ¡la fortaleza de al-Qa’la!. Hacia el Norte, la vall d'Albaida se mostraba abierta, sin secretos. Entonces llegó la tormenta y, allí, encumbrado a Almaraién, asomado a los dos valles, sentí la fuerza de los elementos y me estremecí.

Perputxent desde Almaraién

Al respecto del fortín, me parece oportuno e interesantísimo reproducir un fragmento de la publicación El Comtat. Una terra de castells, editada por el Centre d’Estudis Contestans: «En el tall d’una gran cata clandestina realitzada a la zona nord de la plataforma es veu un potent nivell de cendres a uns 30 centímetres del sòl, que podria obeir a posibles focs antics accidentals de la serra o bé al posible abandó i destrucció del castell.» Durante la conquista feudal, Almaraién funcionó como un mirador estratégico donde los andalusíes controlaban los movimientos de las huestes feudales en el valle de Albaida y, en caso de peligro, alertaban a los habitantes de Perputxent mediante hogueras y señales de humo.

Por otra parte, según consta en el Archivo Histórico Nacional –pergamino 340, carpeta 518, correspondiente a la Orden Militar de Montesa–, el 8 de agosto de 1273 el rey Jaime I ordena a Juan de Monzón, alcaide de Penacadell, que averigüe la verdad sobre el lugar de Almaraién, entre los términos de Rugat y Perputxent, y en caso de pertenecer a Perputxent lo ponga a disposición de Ramón de Riusec. Esto se debe a un conflicto de lindes surgido entre Rugat y Perputxent al respecto de la citada partida. Aunque nada prueba que la partida de Almaraién corresponda con el lugar donde se ubica el fortín, es muy probable que así fuera, por dos razones: 1) las estrictamente geográficas, puesto que allí confluyen los términos municipales de l'Orxa, por parte de Perputxent, y Salem, por parte de Rugat y 2) por concordancia toponímica, pues según el Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance de Federico Corriente –Editorial Gredos, 1999– Alimara significa, precisamente, señal de humo.

Almaraién

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14/04/2009 – Primera incursión en el lugar donde aconteció "lo feyt de Rogat"

 

...E responem al Rey de Castella quens maraueylauem molt,
car ell nos pregaua de nostre dan,
car be sabia que Alaçrach nos hauia feyt gran mal e gran dan en nostra terra,
e que era uengut a nos ens hauia dit ques uolia fer chrestia,
e que uolia pendre vna parenta den Carroç per muyler.
E nos uinen a •I• castell de moros que ell tenia per nom Rogat en trastnuytada,
cuydans trahir, que nos no erem mes de •XXXV• cauallers,
e ell donans celada ab •VII• celades de moros, e ab gran brugit de corns e danafils,
e balesters quey hauia molts, e ab dargues.
E si no fos que nostre Senyor nos ajuda dell, haguera nos mort e cunfundut.
E •XVIII• chrestians quey hauiem enuiats quey establissen vna torre dela del castell,
pres los, e retench los...

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer..., 375)

 

En mi obstinación por confirmar las posibilidades de comunicación acústica entre la atalaya de Almaraién y la Cova dels Nou Forats por medio de timbales y/o añafiles (trompeta), he acordado con un amigo realizar una prueba. La distancia que separa ambos puntos (3.480 m) parece ser acústicamente insalvable, pero no podemos descartar esta posibilidad sin intentarlo. De resultar imposible la comunicación (muy apetecible por las posibilidades que la codificación de estos mensajes ofrece para la ficción), sabremos que los avisos se realizaban mediante fuegos nocturnos o humaredas diurnas o, más probablemente y para ser más discretos, mediante el envío de un trotero. Así, con el fin de tantear previamente el terreno, el pasado domingo de Pascua me propuse acercarme con el coche hasta Almaraién; sin embargo, la gran cantidad de barro y charcos que presentaban los caminos me hicieron desistir. Al final, el destino quiso llevarme hasta Aielo de Rugat, tierra de emboscadas, donde las ruinas del castillo de Rugat me aguardaban.

El castillo de Rugat se encuentra en la estribación nororiental de la sierra de Benicadell, en su parte umbría, coronando el Alto del Castellet a 492 metros de altura. Hacia el sector N-W se obtiene una magnífica panorámica sobre la Vall d'Albaida (Montaverner, Alfarrasí, Bellús, Benigànim, Quatretonda, Llutxent, Montixelvo, Castelló de Rugat, La Pobla del Duc...); sin embargo, hacia el sector SE-NW la panorámica se ve interrumpida por el macizo de Benicadell, sobre cuya silueta destacan l'Alt de l'Ullastre y les Penyes Altes, atalayas que conformaban el sistema de vigilancia de Almaraién en el conjunto defensivo de Benicadell oriental.

Del que fuera hisn Rogat sólo quedan en pie grandes lienzos de su muralla, en los que todavía se distinguen la puerta de acceso y los restos de algunas aspilleras, torres y almenas. En su interior, los vestigios del aljibe y de una torre, probablemente del periodo feudal, es cuanto supe reconocer.

Según la Consellería de Cultura: «Hasta finales del año 1258 no conquistó el Rey Don Jaime I el castillo de Rugat. Este año por concesión real, el caballero Artal de Foces, quien junto con Llop de Vailló y García Ortiz, había conquistado Onteniente, poseía los castillos de Bélgida, Carbonera, Palma, Borró, Vilella, Montichelvo y Rugat, además de la fortificación de la cima de Benicadell. Este rey había establecido algunos puntos avanzados, sin aventurarse de momento más al sur de Játiva y manteniendo, entonces, una buena relación de convivencia con los moros que poblaban toda la Vall de Albaida y también por el otro lado del Benicadell. El mismo rey Don Jaime cuenta, a través de su Crónica o Libro de los Hechos, cómo se rompió el periodo de convivencia con los moros que, acaudillados por al-Azraq, le tendieron una emboscada al engañarle sobre sus intenciones de convertirse al cristianismo y casarse con una mujer de la familia Carroz. Jaime I salvó su vida, pero no corrieron su misma suerte la gran parte de los caballeros de su escolta.» Evidentemente, esta información es incorrecta en lo sustancial y en ella habría mucho que matizar.

Poster2

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27/03/2009 – El sistema defensivo de Perputxent (y II)

 

En una ocasión, cuando su costumbre de avisar la llegada del enemigo
por medio de humo y fuego llegó a ser bien conocida,
los árabes ordenaron que estas prácticas se ejecutaran sin interrupción
hasta que el enemigo se acercara; entonces, las habrían de detener.
Así, los enemigos, que pensarían que la ausencia de fuegos
significaba que no los habían interceptado,
avanzarían impacientes y serían derrotados.

Sextus Julius Frontinus (Strategematicon libri, 2.5.16)


...E aqui fo don Pero Corneyl en celada ab sos caualls armats,
be luny mija milla: e la •I• sarrai exi defora,
e dix los que enuiassen •XX• cauallers bons, e altres,
e ell quels metria en dues torres, e a la crida que ells farien
que pensassen de uenir, o ab senyal de foch quels farien...

(Chronica o comentaris del gloriosissim e invictissim Rey en Jacme Primer... 190)


...y cuando el vigía veía algún barco,
lo avisaba al emir y éste transmitía el aviso,
por medio de palomas mensajeras, a las costas,
a fin de que estuvieran preparados...

Al-Muqaddasi (Ahsan at-taqasim fi ma`rifat al-aqalimr)

 

En mayo de 1981, con motivo de su ingreso en la Real Academia de la Historia, el arabista Juan Vernet Ginés leía una conferencia titulada Historia, astronomía y montañismo donde se recogían numerosos indicios documentales sobre sistemas de transmisión de noticias mediante señales visuales utilizados desde la antigüedad hasta la época medieval. La conferencia no tiene desperdicio en su conjunto pero, en lo concerniente a la región y período que nos ocupa, destaca la descripción del dispositivo de almenares y atalayas que permitía la transmisión de las alertas fronterizas entre las capitales de los distritos militares andalusíes, sistema que se complementaba con un correo pedestre/ecuestre/marino con el fin de comunicarse con la capital del Califato: Córdoba. Las atalayas se situaban alineadas, vigilando las vías de comunicación y lugares de paso, y servían de enlace entre las guardias, fortificaciones y castillos fronterizos.

Siguiendo el hilo de Vernet, un interesantísimo artículo de Xavier Ballestín y Mercè Viladrich titulado Foc, fum, torxes i miralls: senyals visuals a l’època tardoantiga i altmedieval, se adentra en la búsqueda de evidencias aparecidas en los textos árabes del Islam medieval. Entre otros, el artículo recoge un texto de Abd al-Wahid al-Marrakushi donde se describe el procedimiento de transmisión de noticias empleado por los Omeyas, que permitía enviar un mensaje desde Alejandría a Trípoli en cuatro horas, y a Ceuta en una noche, saltando de fuego en fuego a lo largo de los ribat de la costa. Abstrayéndonos de estas complejas y fastuosas redes de comunicación visual que por el coste de su implantación y mantenimiento quedarían fuera de las posibilidades económicas y, sobre todo, necesidades defensivas de nuestro wazir, nos centraremos en otros sistemas de vigilancia y comunicación más modestos, aunque no por ello menos efectivos. Se trataría de un sistema de vigilancia local que, erigido en puntos estratégicos de buena visibilidad, se encargaría de alertar sobre los movimientos de las huestes enemigas en las zonas limítrofes. En la frontera septentrional de los territorios de al-Azraq esta función se practicaría desde la atalaya de Almaraién, enclavado en el sistema montañoso de Benicadell, dado que desde allí se tiene una excelente panorámica sobre las comarcas de la Safor y la Vall d’Albaida. Su proximidad al castillo de Rugat posibilita que fuera la atalaya de Almaraién el lugar desde donde el Moro tendiera la emboscada que a punto estuvo de acabar con la vida del aragonés, hecho que el monarca relata en el pasaje 375 de su Crónica: «…Alaçrach nos hauia feyt gran mal e gran dan en nostra terra, e que era uengut a nos ens hauia dit ques uolia fer chrestia, e que uolia pendre vna parenta den Carroç per muyler. E nos uinen a •I• castell de moros que ell tenia per nom Rogat en trastnuytada, cuydans trahir, que nos no erem mes de •XXXV• cauallers, e ell donans celada ab •VII• celades de moros, e ab gran brugit de corns e danafils, e balesters quey hauia molts, e ab dargues. E si no fos que nostre Senyor nos ajuda dell, haguera nos mort e cunfundut. E •XVIII• chrestians quey hauiem enuiats quey establissen vna torre dela del castell, pres los, e retench los…»

Desde la atalaya de Almaraién podía alertarse por medios acústicos (timbales, cuernos y añafiles), visuales (espejos o humo) o, en caso de una meteorología muy adversa, por medio de un mensajero pedestre (los caballos eran caros y escaseaban, más aún en tiempo de guerra). De entre todos los medios mencionados, los acústicos son los que mejor se adaptan para comunicaciones de corto recorrido, pues permiten la codificación del mensaje así como un mayor rango de uso en situaciones climatológicas adversas, estando contraindicado, solamente, cuando la intensidad y dirección del viento imposibilitan su cometido. Estas ventajas lo convertirían en el medio prioritario para la transmisión de mensajes locales. No obstante, existe otra posibilidad –o sistema de comunicación que aún no se ha contemplado-: las palomas mensajeras. Y aquí entramos en los terrenos de la ficción. Sabemos que la cultura andalusí era una perfecta conocedora de la cría de estas aves y, aún hoy, los palomares y los colombaires proliferan en cualquier pueblo de nuestras comarcas como un legado cultural silencioso. Así, podría ser que cuando la señal llegaba a la Cova dels Nou Forats, una paloma partiera con el mensaje hasta el castillo de al-Qal’a, que confirmaba su recepción con la suelta de otra: un medio sencillo, rápido y eficiente.

Este sistema de comunicación local mediante palomas requeriría la instalación de palomares en cada uno de los castillos. Estos palomares criarían sus propias palomas y, a la vez, albergarían las trasladadas desde otros castillos de modo que, cuando un castillo quería comunicarse con otro, sólo tendrían que soltar el ave correspondiente para que ésta se orientara hasta su palomar natal. Así, para que la comunicación resultase efectiva, alguien tenía que encargarse de distribuir las palomas entre los castillos periódicamente.

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BIBLIOGRAFÍA

· Juan Vernet Giner. Historia, astronomía y montañismo. Al-Qantara, revista de estudios árabes, nº 2 (1981)

· Xavier Ballestín y Mercè Viladrich. Foc, fum, torxes i miralls: senyals visuals a l'època tardoantiga i altmedieval. Fars de l'Islam, antigues alimares d'al-Andalus. Primeres jornades científiques OCORDE (2006)

· Miguel Angel Vivas Pérez. La transmisión de mensajes mediante señales ópticas: una visión de conjunto. Actas del III Congreso de castellología ibérica (2005)

· J. Ernesto Martínez Ferrando. Los correos de la curia regia en la Corona de Aragón a principios del siglo XIV. Analecta sacra tarraconensia, revista de ciencias histórico-eclesiásticas, vol. XVII (1944)

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21/03/2009 - Afinando sensibilidades: mi Canon, la noche y yo...

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Posiblemente, la razón más importante de procurarse un extenso archivo fotográfico a la hora de documentar un proyecto de ficción sea el reto que plantea la continua búsqueda de fuentes de inspiración. Esta búsqueda, sin duda, fomenta, amplía y mejora la percepción del mundo. La fotografía nocturna, además, ofrece una magnífica oportunidad de retrotraerse en el tiempo. Es justo cuando el mundo se detiene, cuando la oscuridad se adueña de la vida, cuando el cárabo llora y las estrellas aparecen en el firmamento, es justo en ese momento cuando, apoyado contra el lienzo de una muralla, o sentado a la entrada de una cueva, o plantado frente a la recortada silueta de una torre, puedes reconocer el pálpito de la emoción. Con un poco de suerte –si la contaminación lumínica y las luces de los aviones lo permiten– uno llega a sentirse un Homo sapiens junto a la boca de su caverna, un correo romano al que la noche sorprendió en su caminata, un wazir musulmán asomado al balcón de la noche, fascinado por el vívido tembletear de las estrellas. Es al abrigo de la oscuridad, en los más recónditos lugares de nuestros valles, donde manan las aguas de la inspiración, donde –con un poco de imaginación- todavía se escucha el aullido del lobo o los afinados acordes de la fídula, el arpa y el rabel.

La fotografía nocturna es una gran aliada: te obliga a reconocer el lugar en busca del encuadre idóneo, te afina la sensibilidad por la luz, te muestra el movimiento de los astros, el valor de la paciencia, de la soledad y el silencio.

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11/03/2009 - El sistema defensivo de Perputxent (I)

Ayer estuve en el valle de Perputxent, visitando dos enclaves de importancia defensiva en el sistema de Benicadell: la Cova dels Nou Forats y el castillo de Perputxent.

Por la mañana subí hasta la Cova dels Nou Forats y pude comprobar su buena comunicación visual con la desaparecida torre de Beniarrés y con las tres fortalezas que custodiaban el valle: el fortín-atalaya de Almaraién y los castillos de Benicadell y Perputxent. También constaté que el castillo de Perputxent carecía de una comunicación visual directa con las otras dos fortalezas, por lo que supuse que la Cova dels Nou Forats podía actuar a modo de centro de telecomunicaciones en la transmisión de mensajes entre castillos, función que desempeñaría algún habitante de la cercana alquería de Benitàixer. Los nueve agujeros que presenta la cueva fueron excavados sobre un conglomerado calcáreo de cementación débil. Son obra del hombre y tenían, por tanto, una función específica. Para abrirlos en una zona tan inaccesible -en la parte superior de la pared e incluso sobre la misma bóveda- tuvieron que emplear algún tipo de andamio y/o escalera. Así, se deduce que lo que guardaban en aquellas cavidades debió serles de gran importancia y utilidad, de lo contrario no se habrían tomado la molestia de situarlos fuera del alcance de los intrusos. Pero, ¿qué función podían desempeñar? Parece lógico que guardara relación con las funciones propias de la cueva como centro de "mensajería". Tal vez pudiera tratarse de un palomar. Desde siempre, en la cueva han anidado las palomas torcaces, por lo que se muestra un hábitat adecuado para la cría de estas aves.

Por la tarde, subí al castillo de Perputxent. Pese al ruinoso estado en que se encuentra, parece que es de los mejor conservados. Destaca la silueta del que fuera donjón y las torres de la fortaleza feudal, perfiles que fotografié cuando, al poco de ponerse el sol, apareció la luna llena. La parte Norte y Noreste está defendida por un escarpe rocoso que hizo innecesario el levantamiento de un lienzo de muralla. El hisn musulmán consta de un recinto doblemente amurallado (barbacana y muro), con sus torres albarranas estratégicamente colocadas en los accesos y quiebros de las murallas, algunos tramos almenados y numerosas aspilleras abiertas en la barbacana. El interior alberga un albacar de unos 3.000 metros cuadrados y un aljibe. Asimismo, en la esquina nororiental del recinto amurallado -la parte más baja del albacar- existe una poterna en la parte inferior del lienzo de la muralla que, tal vez, desempeñase las funciones de drenaje natural y/o de escapatoria frente a una eventual toma del castillo.

Cuando oscureció, monté la cámara sobre el trípode. Del reportaje fotográfico que realicé, destaco una evidencia: si quiero tomar alguna foto medio decente necesito mejorar la técnica y adquirir una óptica gran angular.

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Esta misma mañana he comprado la nueva Canon 450D, un filtro polarizador y un objetivo Sigma de 20 mm de apertura fija. Con este nuevo equipo, mucho estudio y un poco de imaginación, la calidad de las fotografías que realice en adelante debería mejorar.

 

BIBLIOGRAFÍA

· André Bazzana, Pierre Guichard y José María Segura Martí. Du hisn musulman au castrum chretien: le chateau de Perpunchent (Lorcha, province d'Alicante). Melanges de la Casa de Velazquez, vol. XVIII (1982)

· Centre d'Estudis Contestans. El Comtat: una terra de castells. Ajuntament de Cocentaina (1996)

· José María Segura Martí y Josep Torró Abad. Torres i castells de l'Alcoià-Comtat. Congrés d'estudis de l'Alcoià-Comtat (1985)

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